La Encargada
Una noche limeña de clavo de olor, colas y pogo: una voz que orbita la violencia ajena y deja que el tatuaje y la música hagan el resto.
Una noche limeña de clavo de olor, colas y pogo: una voz que orbita la violencia ajena y deja que el tatuaje y la música hagan el resto.
Una relectura amarga del centro compartido: destino, obsesión y culpa en una órbita que ya no sabe distinguir verdad de consuelo.
Una violencia contenida en un pogo lluvioso: sedación, olores y límites que se rompen en dos cuerpos acercándose demasiado.
Bajo la garúa limeña, un narrador observa la huida de todos y asume su oficio: invocarla y sostener el centro de una melancolía que nadie más admite.
Un regreso al vicio como coartada: apagar la escucha, escribir en soledad y planear huir por lugares fríos, mientras el aroma a canela se queda como compañía.
Una ciudad de melancolía y garúa donde una muñeca azul activa recuerdos, culpas y una tristeza que se queda pegada a la retina.
Entre combis, garúa y sirenas, una deriva limeña convierte culpa y cinismo en una escena donde el narrador termina declarándose terna.
Un lamento por los restos de un amor que se fue, entre pingüinos infieles, cigarros intactos y un mundo de ternuras que ya no se terminará de construir.
Una carta que prepara colchones de palabras, cuadernos y hojas de helecho por si ella cae, para que nunca se golpee sola al bajar de ese altar.
Un recuerdo de besos con sabor a canela, una despedida en taxi y la búsqueda imposible de un cigarrillo que prolongue esa ausencia.
11 de Marzo, 2026
Recuento de daños11 de Marzo, 2026
La ¿necesidad? de escribir