Ollama
Ollama es un llavero peludo sin cuerpo, es una cabeza de llama, y su dueño, siguiendo un extraño ritual, le puso un nombre de software, pero en esencia es solo eso, un llavero con consciencia.
Es mudo y sordo, así que maldita la idea que le sale o que puede transmitir. Pero eso no implica que no pueda procesar lo que ve. Porque sí, de algún esotérico modo, puede ver.
No es un genio, es bastante joven y la verdad despreocupado, pero a veces le gusta observar. Su dueño adoptivo —él vino de una mujer de cabello ensortijado— a veces es muy expansivo, lo usa para grabar videos, y a veces parece sufrir mirando el mismo teléfono con el que lo graba.
Ollama no sabe qué es llorar exactamente, pero presiente la tristeza. Mirar a su dueño pensando en la soledad —aun cuando él está presente— podría ser más complicado de lo que parece. Existe una relación indefinida, un hilo casi transparente entre él y su dueño, más allá de la propiedad, como si tuviera dentro algo de la persona que lo dio.
Verlo secarse los ojos le duele en parte, pasear con él buscando un espacio para una foto en cambio le gusta. Pero lo que más le duele es verlo solo, sentado, acostado esperando algo frente al celular, a veces pareciera por horas, ver sus ojos humedecerse a veces, a veces abrirse y alegrarse a mitad de la noche, ser feliz en la oscuridad.
A él lo crearon con una sonrisa eterna, es una llama feliz por defecto, entonces cuando su dueño graba videos con él se siente más conectado, lo ve poner caras graciosas, o más bien torcer la boca, y siempre, sin falla, al poco tiempo sonríe feliz también mirando el teléfono.
Siente que ha cumplido una misión, que tiene un propósito.
A veces los ojos rojos de su dueño le causan lástima. A veces le brillan. A veces mira una foto durante mucho tiempo, de la persona que lo regaló —deben ser algo especial—, piensa. Él se siente hijo de ese Amor, un poco huérfano porque no ha sabido más de ella desde que lo entregó. Se pregunta si esa ausencia es lo que lo pone triste, si la esperanza de romperla es lo que lo pone feliz.
Recuerda el día en que lo entregaron, recuerda su cabello tapándole los ojos por el viento, las luces naranjas, un lugar sucio y oscuro, su dueño caminando de un lado a otro preguntando por algo que nadie parecía tener.
A veces lo dejan frente a un espejo y se da cuenta de lo inmóvil que es, de lo indefenso. De por qué su dueño lo esconde. Probablemente eso es cuidar. Es pequeño, y lo cuidan. Se pregunta qué otras cosas tiene en el corazón que desea cuidar, quizá a Mamá. Entonces la recuerda, ella tiene el mismo cabello desordenado al viento (tal vez por eso a veces lo abraza sin saber que eso lo hace feliz) y entiende un poco a su dueño, quizá lo entendería mejor si pudiera llorar.