でも振り向かないで
君が決めた道は
君しか知らない夜明けに続いてる
Lima de noche ya es un viejo conocido, con sus nubes que esconden las estrellas, con su exceso de luz que incluso sin las nubes sería suficiente para esconderlas. Nada ahí te deja la esperanza de crear una postal romántica. En el semáforo del cruce de Camino Real con Álvarez Calderón Dextre revisa su celular, un mensaje de WhatsApp, ya es tarde, por un segundo una pequeña molestia.
— ¿Me habrán hecho venir por las puras?
Se voltea para asegurarse de que nadie lo haya escuchado, el paradero está vacío, es el único esperando el cambio de luz para cruzar, de todos modos a nadie le importaría.
— Debo dejar de hablar conmigo mismo.
Abre WhatsApp y exhala con cansancio como si estuviera expulsando el humo de un cigarro, la indefinible sensación de que todo sale según lo planeado, seguida de una mueca y un pequeño tic en el ojo derecho.
— Voy a llegar un poco tarde, hay mucho tráfico y el bus se quedó atorado — se lee en el mensaje.
— Te dije que me pasaras tu ubicación y que podía mandarte un taxi, ¿recuerdas?
Mira con fastidio las luces del semáforo, está en verde, pero quedan pocos segundos. La ve escribir, pero demora, como si no supiera qué excusa darle, el semáforo pasa amarillo, el crédito de ella anda por ahí. Primer strike.
— ¡Lo siento mucho! Pero ya me bajé del bus, estoy yendo en taxi desde aquí.
— ¿En cuánto crees que llegues? — su voz suena fría, no molesta, pero eso solo lo sabe él.
— Iré lo más rápido que pueda, Uber dice que 40 minutos, pero si nos atoramos cerca puedo bajar e ir corriendo una parte, ¿me esperas?
— Claro, solo lo digo para saber si te espero afuera o adentro. Por favor, escríbeme cuando llegues y salgo a recibirte y avísame cuánto sale para yapearte.
— ¡No tienes por qué hacer eso!
— No te preocupes, yo me encargo.
Guarda el celular y se dirige a la puerta del local, afuera un pequeño letrero con luces led anuncia el nombre del local separado en sílabas, una abajo de la otra:
CAR
NA
VAL
Empuja la puerta giratoria, siempre le causa una sensación de claustrofobia, pero no importa, son huevadas, ya se conoce a sí mismo. Dextre le tiene miedo a casi todo, a las alturas, a ahogarse, a enfermarse, a los espacios pequeños, a los espacios enormes, al cielo abierto, al oleaje en mar abierto.
Dentro, en una mesa parecida a un velador, rodeada de sillones pequeños ve turistas japoneses sentados, parecen bastante contentos, los escucha decir ¡kampai! mientras beben el trago de cortesía con el que siempre inician el servicio. Mucho mejor que recibir canchita con chifles.
Carnaval es un bar mediano, la luz es escasa pero cálida, todos se ven más bonitos a media luz, tiene una barra enorme donde se sienta usualmente la gente que quiere ver como se preparan las bebidas, al fondo un cuarto más iluminado donde esculpen hielo, es una de sus gracias, los cocteles son muy buenos, pero usualmente traen un hielo enorme dentro. Le interrumpe una cara sonriente que le pregunta.
— ¡Disculpe! ¿tiene reserva?
Es bonita, claro, todas las que trabajan en lugares así son bonitas. Y la mayoría interesadas en algo más que salir. no hay mucho que decir.
— Sí, el apellido es Dextre, ¿necesita que lo deletree?
— No, aquí está. Mesa para dos, ¿no?
— Sí, estoy esperando a alguien, pero viene en un momento aún.
Los sillones son bajos, pero cómodos, le traen un shot de cortesía, existe siempre la posibilidad de que el shot de cortesía sea más rico de lo que son otros tragos, pero nunca está en la carta.
— Por favor, me traes un negroni, clásico — le dice al mozo antes de que pueda irse.
Una chica morena de pelo ensortijado pasa casi rozándolo, la sigue con la mirada y se confunde, por un segundo el impulso de estirar la mano como intentando alcanzar algo que el viento ya se llevó. Abre una conversación de WhatsApp y se pone los audífonos, la sensación de haber hecho esto antes, su mano recuerda la textura de un vestido, de una cintura, en algún lugar el olor a canela.
No puede evitar escribir.
Ya no sé si vayas a leer esto, no sé si regreses a ver estos mensajes, algo me dice que no lo harás, pero es lo único que puedo hacer. No quiero agarrarte de la pierna, sí, yo me humillaría por ti, para qué mentir, si eso fuera lo que quisieras. Pero no quiero que pases vergüenza al ver al hombre que te gustó rebajarse de esa manera, no mereces pensar que te conformaste con tan poca cosa, incluso si la dejaste.
— Disculpe joven, su negroni, ¿le traemos además agua? — mueve la cabeza arriba y abajo mecánicamente, su atención en WhatsApp.
Igual esto existirá, porque siento que en algún lado debo admitir que he malogrado más allá de toda reparación aquello que prometí que cuidaría para siempre.
Agarra el vaso sin mirar realmente y se lo lleva a la boca, es amargo y dulce al final. Es irónico, totalmente al revés.
Todo aquello que planeé, lo que te propuse, todo lo que dije, lo hice pensando en proteger este amor horrible que te tengo. Me dijiste que no cambiarías eso de mí, pero quizá sí debiste hacerlo, entiendo que me respetaste, que intentaste recibir todo eso y seguir, yo también me habría agotado probablemente. Pensé que quizá con todo eso te complacía, que de esa manera me darías el para siempre que yo quería, más allá de las palabras.
El celular vibra, le quedan ideas, pero el tiempo ha pasado.
— Estoy afuera, ¿sales a recibirme? — el mensaje de aviso lo saca del trance.
La tentación de escribir "Ya me fui", pero el cuerpo es más fuerte, quedarse solo es demasiado peligroso ahora.
— Claro, salgo.
Le hace una seña a la chica que lo recibió y le muestra su morral antes de dejarlo en el sillón, camina dos pasos y regresa, saca a Ollama del morral con delicadeza, le peina las hebras sueltas con la mano y lo pone en el bolsillo de su abrigo, pasa por la puerta giratoria al mismo tiempo que alguien entra, la puerta lo empuja un poco, afuera una chica lo espera.
Blazer rosa, cabello encrespado, pero no ensortijado, blue jeans y una blusa blanca, la piel pálida era de esperarse, ya le había dicho que le gustaba taparse y odiaba el sol, el único adorno es un reloj pequeño dorado. Le sonríe, es bonita, claro, pero todas son bonitas en Bumble, si aunque sea hubiera venido con vestido y zapatos enormes.
— ¡Hola! ¡Llegué!
— Hola, sí, lo acabo de notar. ¿Entramos?
Ella se acerca y lo besa en la mejilla, no devuelve el beso, pero le toca la cintura y encuentra la diferencia, no hay mucho que se pueda hacer al respecto.
— ¡Hueles bien! ¿como a canela y vainilla?
— Sí, es un aroma que me gusta, amaderados solo los tragos.
— Tus ojos están rojos, ¿has trasnochado?
— ¿Uh? ¡ah! sí, claro, ayer me quedé hasta casi las tres. Pero he tomado bastante café, así que no hay problema.
— Trabajas demasiado. Eso podría hacerte daño.
La empuja del hombro ligeramente hacia la puerta giratoria, ha dejado su morral en el sillón, en el apuro de volver entran al mismo espacio de la puerta, la cercanía de unos segundos le permite darse cuenta del olor dulce que tiene ¿como masa de galletas?
— ¡Hey! podrías esperar aunque sea hasta que haya tomado para acercarte tanto — se ríe, tiene hoyuelos, claro, todas son bonitas en Bumble.
— Lo siento, estas puertas me ponen nervioso, además he dejado mi morral en el sillón.
— Las puertas ¿o yo?
— Las puertas giratorias, ven, vamos por aquí — le señala la mesa donde deben sentarse, se ríe un poco.
Llegan a una mesa donde ya les esperan dos vasos de agua helada servidos, no hay señales del vaso del negroni que ya se había terminado. Se materializa un mozo con dos de los tragos de cortesía (¡bien, cortesía por segunda vez!), y les deja la carta. Dextre no lo deja irse.
— Por favor, me traes un negroni, de la casa, y para la señorita un Carnival Experience.
— ¡Claro joven!
El mozo se retira con su pedido, Dextre regresa a su cita para encontrar a la chica mirándolo intensamente, se siente invadido por un momento, con un escalofrío admite que no le importa, es su culpa si el abismo le contesta, se acomoda los lentes.
— ¿Siempre eres tan impositivo? ¿Qué es un "Carnival Experience"?
— ¡Oh! lo siento, es un seguidilla de siete medios tragos, que son básicamente los más populares del bar.
— No me preguntaste si eso era lo que quería. Pero suena bien, sin embargo me gustaría que me preguntaras la próxima ¿ok?
— Sí, claro. Disculpa de nuevo ¿ok?
— Solo te disculparé si los tragos son buenos. ¡Además son siete! ¿Me quieres emborrachar? tengo buena cabeza para el trago, no creo que lo logres.
— Eso dicen, después debo cargar a las personas a su casa.
— ¿Qué tan seguido cargas personas?
Un brillo en sus ojos, la pregunta es correcta, ¿qué tan seguido ve personas de esta manera?, el mismo ya no lleva la cuenta, después de todo, ¿quién cuenta las burbujas que aplasta del papel burbuja?
— Menos de lo que quisiera, la mayor parte de las veces son hombres — no se le movió ni un músculo de la cara.
— ¡Ah! ¿hombres también? — se había regalado en bandeja.
— Amigos usualmente — esta vez si se rió.
— Te creo, o estás diciendo la verdad o eres un psicópata.
Llegan los tragos, hacen su escándalo habitual, el suyo ni siquiera es oscuro hasta que le echan el extracto en la mesa. El de ella es aún más teatral, toda la parafernalia con la antorcha alrededor de la bebida, las luces, contenta está grabando todo con su celular. Personas de algunas mesas se voltean a ver, otros ya saben, ya no les importa. Se van los mozos.
— ¿Vas a subirlo a Instagram? — le pregunta sin dejar notar la importancia de la pregunta.
— No, solo quiero tenerlo de recuerdo. ¿Me has traído aquí para impresionarme?
— ¿Necesito hacerlo?, solo me gusta el trago que preparan aquí.
外は雨が まだやまずに
濡れてる人々と街が
それでも太陽信じている
Las manecillas del reloj del Airbnb están detenidas, es curioso, están detenidas a las cuatro de la tarde, hay una pequeña resquebrajadura en el vidrio, ¿qué accidente podría haber sucedido? alquilar un Airbnb para pelearse.
Están el uno frente al otro, con terror Dextre ve en el espejo cómo se acerca a ella, como si fuera otra la persona que acorta la distancia, la coge de la cintura, un pequeño salto, aún puede darlo, nada se acaba.
— ¿Ahora me crees que me gustas? — lo mira con los ojos entrecerrados, pero aún profundamente.
— No, estás suficientemente ebria como para encontrarme dulce probablemente.
— Sabes bien que eso es mentira, si alguien debería estar ebrio eres tú, pareciera que te van a quitar el trago, ¿me encuentras más bonita así?
— La verdad sí — la mira con una especie de sorna.
— Me caes peor que cuando llegué, eres completamente odioso, Dextre, dominante, y eso me encanta.
Strike dos.
— ¿Has venido a ser dominada? ¿no tienes velas o un látigo escondido por ahí no?
— No, pero que ocurra lo contrario a lo que espero también me funciona.
Le besa el cuello, como había besado otros cuellos antes, pero es el mismo, todas mis conquistas tienen un solo cuello — ¿tuyas? — incluso cuando ella intenta atraerlo en medio del escote de su blusa abierta, la piel es ajena, la evita.
La empuja contra la cama, le desabrocha el pantalón, su ropa interior es rosada y tiene un pequeño lazo parecido a una mariposa, levanta los ojos sin levantar la cara, ella está sonrojada, ahora huele a él, le gusta el olor. Le desabrocha los botones de la blusa, la mira desde arriba, sigue sonrojada, ahora es más bonita, claro, claro, todas son bonitas en Bumble, todas las que elijo al menos — ¿quién? — le levanta el brasier sin desabrocharlo, sus pezones son oscuros, es lo más cerca de parecerse que estará alguna vez, solo debajo de la ropa, es lo primero que adora con la boca.
Ella está a un lado de la cama, parece dormir, por la ventana se filtra aún algo de luz naranja, incluso con la delgada cortina cubriendo la ventana, la curva de su cintura iluminada por esa luz naranja es una invitación, pero el invitado está ocupado en su celular haciendo nigromancia.
Quería hacer realidad tus sueños, engreírte, malcriarte, darte lo que nadie te hubiera dado, lo que nadie siquiera te hubiera ofrecido. Pero puse por delante los míos, todo lo que te ofrecí, siempre tuvo el nosotros por delante, y nunca hubo una pregunta necesaria, ¿quieres tú?, decidí cargarme todo para que no tuvieras que decidir, solo vivir con las consecuencias de lo que yo sentí que era bonito, pensé que así te estaba cuidando. Nunca imaginé que eras tú la que cargaba con la presión en verdad.
La escucha suspirar despacito, casi como pidiendo perdón de hacerlo, ellas no deberían suspirar así, existe una diferencia entre lo que están haciendo y la familiaridad de ese suspiro, algo que pretende existir.
Ahora ya no estás, y toda esta presión que viviste me aplasta, el peso del nosotros. Aunque parezca triste, toda la vitalidad de entonces, se ha convertido en una persona sentada fumando un cigarro tras otro, dejando el tiempo pasar. Todo aquello que viste en mí, todo aquello que solté contigo, se fue buscándote, pero ya no sé dónde estás, ya no puedo recuperarlo. Solo es justo, era para ti, para nadie más, iré a vivir solo afuera, la idea del matrimonio vuelve a ser un concepto lejano y extraño para mí, ya ni siquiera estoy completo.
La mira moverse, estirarse como un gato casero que encuentra donde dormir a gusto, siempre ha sido más un hombre de perros. Se mueve y busca con su brazo un pecho que no está donde ella recuerda.
— ¿Qué haces en el celular? ¿Quieres acostarte? es un Airbnb, tenemos hasta mañana al mediodía más o menos ¿no? descansa, ¿O quizá quieres hacer otra cosa de nuevo?
Su voz suena juguetona cuando dice eso, demasiado natural, pronto se pondrá a ronronear.
Out — ¿?.
Ella se voltea a verlo, lo encuentra a medio vestir.
— ¡Pero! ¡ni siquiera te has duchado!
Es cierto, ya no huele a canela, solo a sudor, a fluidos corporales, ella aún huele dulce, eso lo hace peor.
— Ya es tarde, tengo reunión con los Búlgaros, sabes que hay una diferencia horaria, ya he pedido taxi, me ducho en casa.
Le da un beso en la mejilla antes de que pueda reclamar más de manera impositiva.
— No me dijiste nada de esto antes. No estoy contenta con que te vayas ahora.
— Tranquila, puedes dormir hasta tarde, la próxima nos vemos desde la tarde, venimos de frente a un lugar como este y traigo vino, ¿te parece?
— ¿Qué te hace pensar que te voy a ver de nuevo después de esto?
— Lo vas a hacer.
Mira su celular como si algo le hubiera pinchado, la vuelve a ver, no necesita ningún esfuerzo para encontrar la salida a oscuras, nunca perdió la puerta de vista. Le da la espalda y abre la puerta.
— ¿Nos vemos durante la semana? — le pregunta para evitar la incomodidad de no decir nada al irse.
— ¿Qué día?
Le lanzo cualquier día — ¿otra vez? — da lo mismo.
— ¿el próximo miércoles?
— ¡Está bien! — otra vez la voz juguetona.
Mira al espejo una vez más, se despide con la mirada del cuerpo desnudo y del tipo que parece recién entrar, cierra la puerta y baja, un taxi negro lo espera afuera, revisa que la placa sea la correcta, sube.
Me pongo los audífonos, activo la cancelación de ruido — ¿quién está hablando? — afuera la noche a falta de estrellas se adorna con la luz de los postes, ha empezado a garuar — siempre empieza a garuar cuando está en taxis — antes hablé del abismo y la respuesta, ahora siento que soy yo el que contesta desde el fondo.
Saca el celular — y empiezo a escribir, es a lo que me dedico escribir, inventar, quizá no sea mi carrera, pero no tengo carrera realmente, no estudié, este es mi foco, lo que siempre quise hacer, ya los motivos no importan — miente, pero así le es menos doloroso.
En medio de esto, que debería ser una catarsis, sufro, menos porque te has ido, que por mi culpa en tu ausencia. Yo nunca pude llenar lo que sea que hayas necesitado que llene, y no por falta de ganas, ni de intentos, es porque en el fondo, tú me entendiste. Yo solo intenté entenderme a mí mismo, y pensé que eso era amarte. Aún te amo, pero ahora quisiera conocer más de ese vacío que nos separó, quizá si volvieras, lo haría bien esta vez.
Está negociando — no, no estoy negociando, es lo que siento — jura que esto no es manipulación, que la nota es pura, lleva rumiándola desde que estaba esperando a otra.
No sé exactamente qué busco con esto, sé que leerlo no te hará cambiar de parecer, sé que solo leerás más presión con otras palabras, que te hará pensar que hiciste bien en irte, probablemente cerrarás mejor tus puertas para evitar que lo que se me fue te alcance. Mucha gente dice que le gustaría un amor como el mío, yo sé que mienten, no por maldad, sino por ignorancia. Porque si es así ¿por qué te fuiste? no tendría sentido, pero eso pasó, esto nace del daño que ejerzo cuando nadie contiene lo que de verdad siento. Nadie querría todo este daño.
Saco a Ollama del bolsillo de mi abrigo, no ha presenciado nada, pero es probable que haya oído algo — la llamita es un regalo, un lazo que lo ata — lo acaricio como si fuera un cachorro, abro la ventana para que me moje la cara un poco la garúa, me tiro hacia atrás en el asiento para esperar la llegada a casa, escuchando música, acariciando la única reliquia capaz de acompañarme.
Me siento pegajoso, sudado, pero fuera de eso, tranquilo, escapo de la trampa — escapa de la conexión, de comprobar que todo es reemplazable — incluso con ello, en este espacio, con las gotas en la cara como agujas, estoy protegido del tiempo. Solo queda dormir.
"Mākyuro nutta ato no shimiru kanji" la cura que abre la herida, una serie de costras que arrancas para poder desinfectar, "sonna natsukashisa ni afureta hibi" los días rebosantes de nostalgia — la nostalgia de lo no vivido — me despierto ahogándome y saco la cara para poder respirar aire, cualquier aire que me pueda proveer Lima. Hoy más temprano, la chica del cabello ensortijado. En ningún lado el olor a canela, ya no huelo a canela.
Algo se rompe por dentro, la realización de haber roto una promesa que nadie le ha pedido cumplir, perro cuidando la tumba del amo — hecha a mí mismo, y no está rota, el cuerpo no importa, pero mi amor, es como el perro que te persigue hasta que le tiras piedras, y aún así, escondido, cuando no estás viendo, se te acerca a ver si lo dejas olerte — ya no puede decir nada, se esconde por vergüenza del taxista, la cara afuera, evitando hacer bulla, no se despertó ahogándose, se despertó con un nudo en la garganta, hace como que se acomoda los lentes.
愛する人にはいつも照れて言えないけど
本当は誰もが伝えたい心の声よ
今こそ届け
Reviso la nota para poder completarla, habían tantas cosas que pensé en el taxi de camino aquí, pero ahora todas me suenan construidas, algo ha cambiado en todo esto, solo me queda despedirme creo.
Te amo, ya para siempre. Y me duele, por lo visto, ya para siempre también.
Duda acerca de presionar el botón, pero si ella lo ha visto escribiendo, es probable que sepa que estuvo escribiendo sin enviar, sin embargo lo peor sería enviar eso — no puedo hacerla sentirse así de culpable por lo que es culpa mía — habiendo comprendido eso copia el mensaje, se va a la computadora, lo pega en el blog, lo sube a la sección escondida, de la que solo ellos tienen esa clave — debo cambiar mensajes por notas — deja que ella decida cuándo leerlo, y así comete la única acción aún peor que enviarla.
Se acerca a la silla sin prender la luz, se sienta a dejar pasar las horas, se queda dormido, un momento después, ¿quizá una hora? un mensaje de audio le llega, Pedro.
— ¡Hermano! supe lo que sucedió, me apena mucho, te veías tan feliz, ¡pero no debes dejar que eso te destruya! hay muchas mujeres y tú nunca has sido muy fiel con otras que digamos. No creo que te hayan dejado de gustar las mujeres. Sé que este mensaje te debe llegar tarde, pero voy a regresar a Lima, va a haber un concierto de Interpol ¡hay que ir loquita!
Es la segunda vez que me ahogo en el día, no he crecido nada, el mismo idiota de hace 25 años, solo más agotado, más cínico, las respuestas que pensé que obtendría entonces, no han llegado con la edad, solo me queda empujar esto hasta llegar a otro día de ausencia.