春ならず
君近づけば
咲き満つる
Despierto y amanece, no, no te confundas, no despierto al amanecer, despierto y las luces naranjas empiezan a apagarse, esperan lo suficiente para saludarme, la gente empieza a quedarse sin tiempo para bañarse, Lima florece, suculenta terca al sol, ¡de verdad florece!, deberías verlo con mis ojos, desde la ternura que nace de mirarte en el espejo (¿sabías que uno se mira seis veces más guapo de lo que es en el espejo?), no es algo particularmente hermoso, ¡pero oye! Lima es chalina salvaje al viento, el caos le queda bien (como el cabello despeinado a los protagonistas de mangas), esa es mi labor, y esta también: cuidar una seguridad precaria.
Las suculentas son de mis favoritas, es extraño como una planta con flores puede llamarse suculenta solo por sus hojas, ¿A qué sabrá?
Me levanto de la cama y cual princesa de Disney los pajaritos me cantan "¡lleva todo Arequipa, Benavides, Ricardo Palma!!" también soy una suculenta al sol en esta terraza, me masco el dedo, duele ¡Soy sabrosa!
Mejor no hacer esto demasiado…
Me lamo la mordida camino a la ducha, ¡arde!, me baño al toque, no necesito toallas y mi ropa siempre está seca (las ventajas…).
Debo irme ya, hoy quiero sentarme un rato en un bus para matar tiempo, aprieto la palma en el espejo, miro mis fotos de estrellas y la vía láctea en el cielo de Huancaya y suspiro, pienso en dónde quiero salir, siento el espejo como algo caliente que me envuelve, cierro los ojos para no marearme, me disparo hacia adelante.
Salgo por el espejo de un cajero malogrado atrás de la farmacia, a una cuadra del paradero, un perrito es mi único testigo, pero eso ya lo sabía, Lima huele a pescado, me antoja un ceviche, pero no es a donde voy, veo verduras en mi futuro, no he alistado nada, ¿venderán ensalada por ahí?, fácil desayuno papa con huevo en el terminal, se me sube el perrito por la pierna, le sobo la cabeza.
— ¡Hey Fido, no tengo comida conmigo! — Fido, jajaja la más creativa…
Entre Fido y el ceviche ya he llegado al metropolitano, piso fuerte para que Fido deje de seguirme y se quede en la vereda, en la entrada toco el mecanismo, una luz verde me deja pasar, una fila relativamente corta se interpone, esto será rápido.
Fido mira como se va el Metropolitano, lo veo sentado y triste, me pregunto como funcionará su memoria, y cuanto pasará antes de que me sea infiel con otra pierna de mujer, o peor, ¡de hombre!, la nostalgia del presente es todo lo que conoces, si pudieras hablar, seguro me dirías "para siempre" mientras estás montado ya en otra pierna, ¿será por eso que a los infieles los tratan de perros? ¡Perrito convenido!
— ¿La nostalgia del presente? Ulalá señor francés — me río de mi pomposidad.
— Debería comprarme un pez.
— ¡Yo también quiero uno! — dice un niño a mi costado, su madre distraída mirando cualquier cosa por la ventana.
— ¡Cómprate pues! — le digo despacito mientras su madre lo arrastra a la salida.
Lima Norte es como cuando mamá te ordena limpiar debajo de la cama, cosas perdidas, cosas escondidas, polvo, no estoy segura de que muchos aprecien la belleza en esto, traer a la luz una parte de ti que prefieres ignorar.
Me bajo en Naranjal y camino unas cuadras al terminal de Fiori, Fiori, flores en italiano, ¿Florencia?, jajaja, pensar que lo más cercano a ser italiano por aquí es el mondonguito del menú ¿será posible comer mondonguito a la italiana en Florencia?. Llego cerca al primer puesto de papita con huevo.
— ¿Cuánto la porción casera? — me señala un cartón con el precio y el QR del Yape.
— ¿Tres soles? ¿Por qué tan caro casera? — me mira con cara de sorpresa, le hago una señal con un dedo, entiende y comienza a servirme una porción.
Miro la fila de ambulantes, la mayoría con sillas donde se sientan los choferes, los futuros pasajeros, algunos perros buscando en las sobras y un gato gordo recostado en la tapa de un bidón de agua, mirando a todos indiferente.
— Esto no sería posible de noche.
Población vibrante, niños jugando, truco de malabarista, Lima, de día traviesa, de noche peligrosa.
— ¡De nada chicos! — la vendedora levanta los ojos al escucharme, mientras le extiendo el plástico vacío para que lo ponga en la basura. Me compro un agua helada — ¡Pica! ¿Pika? ¿Pikachú? — un poco más adelante, los llamadores gritando que se van a Huacho, me subo al que parece estar más lleno, me acomodo con la ventana abierta, unos rayos de luz me siguen a través, pero no me molesta.
Salimos y suena mi celular, reviso la pantalla de bloqueo, es un nuevo recordatorio, mañana tenemos reunión temprano para presentar las nuevas ideas para la marca, ideas, me enreda un poco lo complicado que se portan en el trabajo, me mantengo, pero no soy la más brillante (¿Qué irónico, no?), ¡Estoy aprendiendo, que no jodan!, en un par de semanas es el cumpleaños de la chica nueva, seguro querrán ir a algún lado saliendo del trabajo, algo se me ocurrirá para escaparme, me encanta la noche, beber con los chicos, pero no puedo demorar mucho (las desventajas…).
Miro por la ventana y estamos por Ancón, hay muchísima arena, pero puedo oler el mar, la sal, ver la gente caminando en ropa de baño esperando poder cruzar sin problemas la Panamericana.
Me voy sintiendo somnolienta, difusa, probablemente estamos en la variante, la niebla me refleja, desdibuja las sombras, los límites de las personas al ojo, afuera, probablemente soy un borrón, me arropo en la ausencia que brinda la cortina, miro las lucecitas de mi celular, subo nuevas fotos a mi Instagram, ya son casi 4000, en las más antiguas aprecio la ausencia de la luz, las estrellas, un mundo que funciona en base al espacio vacío, al contraste, es irónico, la noche me encanta, sentir ese vacío, apreciar la enormidad del espacio, donde una se pierde y se entiende pequeña, con el único problema de ser demasiado pequeña para resaltar.
Quizá no es un problema.
Se limpia la sensación de dispersión, mis ojos se abren a nuevos rayos, las gotas que quedan refractan de tal manera que las sensaciones viejas regresan adornándose de un nuevo brillo, abro mi seno a esta nueva tinta, hecha de lágrimas y refracción, herida que renace con la calma, no sangras, pero aún dueles, cicatriz.
Y aún en esta soledad en que quedo, escribo mi nombre con el dedo en la ventana, incluso con las pérdidas es el ángulo el que cambia el significado de lo que fue, aparto la cortina para tomar nuevas fotos, el movimiento limpia las lágrimas de la ventana, dejo las letras de tu invocación, sin saber si son exactamente un nombre, pero este momento es déjà vu, la operación se repite para permitirme respirar.
La cámara captura una historia astutamente cambiada, perpetúa una mentira que me cuento a mi misma.
Es momento de bajar del bus, estamos cerca, una trocha carrozable y verde se extiende, arrastro mis pies sobre esta tierra húmeda, planto mis propias raíces, veo los cerros marrones contrastando con el cielo, toco la hierba para mojarme por un momento los dedos. Suspiro y están secos, cuento las serpientes escondidas tras las piedras, las evito, el aire limpio extiende mi vista, siento diferencia en oxígeno, se que el camino es igual hasta llegar, me ganan las ansias así que busco el atajo, encuentro un charco lo suficientemente profundo, lo toco y veo del otro lado, solo árboles y humedad, otra vez algo caliente me envuelve, cierro los ojos cuando todo empieza a dar vueltas.
Las piedras del puquial me expulsan en medio del bosque cubierto de niebla.
Me paro y todo es distinto, incluso si me refleja la niebla, puedo oler la tierra, las ramas, se exactamente cuantos animales hay cerca, nada se esconde de mi luz, sino lo que llevamos dentro, convencidos de que es nuestra realidad, los mosquitos vienen a buscar mi savia, el rocío baja por mi piel seca, me detengo, coloco el celular, aguanto la respiración, me convierto en trípode, capturo la imagen y dejo escapar la presa, acecho la luz correcta, la sombra que se atraviesa. Cada paso es una señal que concedo, pero a la vez es un alivio, me rodea la respiración húmeda del bosque.
Me estiro, doy el primer paso de la subida, la inclinación me hace respirar profundo, mis ansias de llegar al otro lado me hacen ligera, corro por el camino marcado y me meto en la vegetación, las hojas acarician mis orejas, siento las cosquillas, asusto a las lagartijas, invado su espacio, empujo unas ramas y llego, es una colina hacia abajo, con vista del valle, dónde los amancaes miran solitarios el entorno, aún dormidos.
Lo percibo antes de verlo, y lo huelo antes de ubicarlo, tirado en el pasto fumando, con el cabello gris y la corbata desabrochada, al fondo una pareja borrosa se aleja de nosotros por el camino, están agarrados de la mano, me siento junto a los amancaes que aún no florecen, veo como florece el primero y todo empieza a ponerse amarillo en la ladera, es un espectáculo hermoso, pero no está Ewan McGregor en medio, así que no es del todo cinemático, ¿Me gustaría que me den una serenata así?
Volteo mi celular y capturo lo que quiero ver de este momento, cambio un poco la luz, aumento el contraste.
— Esto es más bonito de lo que recordaba — fueron sus primeras palabras. Un hilo casi invisible nos unía y el parecido nos diferenciaba.
— Pero es efímero, en unos días…
— Pero eso a ti no te importa, ¿No? — dijo sacudiendo la ceniza de sus dedos — tienes una cámara ahí, eres como ese huevas que nos hace recordar lo que le conviene.
— Todos somos como él, pero lo vemos de diversos modos. Te creías Gandalf de niño ¿No?.
— Jajaja, un poco — lo escucho reírse, pero sus ojos no acompañan la risa, debería saber que mentir así de mal no le va a servir conmigo — pero los fuegos artificiales son peligrosos, sobre todo cuando nadie borra las consecuencias…
¿De qué me estoy defendiendo?
— ¿Es por eso que te fuiste? — le pregunto, le da una pitada a su cigarro y voltea la cara — sabes que no fue tu culpa ¿No?
— ¿Quién sabe si fue mi culpa? probablemente si, probablemente no, pero lo que sí sé es que pudo arreglarse, por eso me fui.
— E hiciste que me buscara, que me marcara — le digo con un rencor mal dirigido — desde entonces me he preguntado si estoy bien con lo que se fue, y siempre me he respondido que sí, pero a veces siento como las uvas se vuelven aceitunas en mi boca, y dudo de mi propia honestidad.
— Lo estás haciendo bien, mejor que yo claramente — se limpia la ceniza de la manga de la parka — y mejor que la punkeke esa que se la pasa en el centro los fines de semana.
— Jajajaja, déjala, hace lo que puede, no sé qué haría yo en su posición, tal vez largarme o esconderme.
— Ella lo disfruta, pero tú eres la buena de la clase ¿No?, por suerte no eres vegana o serías insoportable — se levanta y apaga el cigarro en la planta de su zapato — Bueno, me voy yendo. Es un camino largo, tu sabes, debo irme a pie.
— Debería ir un fin de semana al Kong y prender todas las luces, solo por molestarla, jajaja — le digo, sin despedirme — ¿sabes? es triste, esto dura tan poco, me gustaría que más gente lo viera.
— Bueno, puedes hacer que dure más tiempo, pero eres demasiado aplicada para hacerlo, temes que se enojen — me grita mientras se larga.
Pienso un momento en lo que dijo, claro, esto es algo normal ¿no?, toco uno de los amancaes, el que tengo más cerca, busco el sol, lo miro sin parpadear, repito unas letras que no estoy segura que significan, me arden los ojos, una a una las flores se vuelven más vívidas, todo es más brillante, los árboles reverdecen y el agua es turquesa, los rayos del sol cruzan las copas de las taras y desaparece la neblina.
Me siento a esperar que se acabe la ceguera, imagino estrellas en el fondo oscuro de la ausencia, las retengo todo lo posible, hasta que voy recuperando la vista.
Todo es hermoso aquí, así, esas flores durarán semanas. Saco el celular y tomo una última foto, no necesito acomodar nada, los efectos son más que suficientes, me enternece la visión, sin darme cuenta un par de lágrimas recorren mi rostro, se que se van a secar pronto, pero es lo que buscaba hoy, emocionarme hasta las lágrimas.
Me paro y me voy rumbo a los puquiales.
夏ならず
仲間飲み合い
蝉を聴く
— ¡Bueno muchachos, hoy me trajo Michael Jackson aquí!
Recién estábamos sentándonos en la mesa de la chingana, pero el jijunagranputa este ya había empezado a reírse de algo que él sólo entendía, el punchline vendría en un momento, cuando hubiera terminado de reírse solo, pero no estoy seguro de si me resultaría igual de gracioso.
Serían las dos de la tarde, poco más o menos, en verano nunca puedo decirlo de manera correcta, no puedo sentir el sol sobre las nubes. Acabábamos de comer ceviche y sentía el cuerpo acalorado, nunca he sido el más fan del picante, pero este par de homos después podrían acabar jodiendo — ¡Aaaayyyyyy mira al chivillo, quiere ceviche sin ají! — o cosas similares.
Realmente tenía sed, unas cervezas no vendrían mal, además ya estaba sudando demasiado.
— ¡Ah! ¿Qué mariconada vas a decir ahora? — le dijo Banchero a Benavides, mirándolo con el ceño medio fruncido.
— Jajajaja, esto es bueno, pero primero pidamos trago ¿No? — dijo Benavides — ¡Hoy pone Romaña!.
— Deja a mi sobrino tranquilo, hoy pongo yo ¿Cómo va a ser de otra manera? Tengo que invitar a mis mujeres.
Se nos acercó una mesera parecida a Zendaya, solo que más simpática y que probablemente no saldría con Tom Holland, olía a perfume de Yanbal de vainilla, igual me gustó ese olor, me trajo recuerdos, pero luego recordé que la esencia de vainilla es amarga en las papilas y pasé a pedir una Cusqueña de trigo helada.
Se fue meneándose y traté de adivinar a cuál de los dos le estaría dedicado ese meneo.
— ¿Vas a contar? — pregunté, me había dado curiosidad.
— Sí, sí, pero ahí vienen las cervezas.
Zendaya llega con las cervezas, una Cusqueña para mí, una Stella Artois para Benavides, y alguna vaina artesanal en tarro para Banchero. Al menos no era verde o negra, sino que se veía como cerveza, no pude evitar pensar que probablemente estaría rica, el tipo tiene muchos defectos, pero el mal gusto no es uno de ellos.
Se va meneándose de nuevo, adiós Zendaya…
— Bueno — finalmente empezó con el chiste — como sabía que iba a tomar, no podía venir en mi auto ¿No? Entonces decidí pedir Cabify, como era hora punta, demoró un huevo en aceptar, entonces, el que aceptó, estaba a trece minutos de mi casa, ¡trece! ya iba a cancelar, cuando me doy cuenta del detalle central de la experiencia — y se calló por un momento.
— ¡Habla pues huevón! — le dijo Banchero impaciente.
— El conductor se llamaba Michaeljackson Soto.
Los vi atorarse de risa un momento, pero a mí no me terminaba de hacer reír, debía haber algo más.
— Claro, decidí esperar los trece minutos más ansiosos de mi vida. Pero necesitaba saber cómo lucía Michaeljackson, qué clase de decisiones físicas, probablemente anímicas arrastraba ese legado. Al pobre deben haberlo bulleado de niño sin misericordia.
— Pero ¿De qué estamos hablando? ¡Tú hubieras sido el primero en burlarse!
— Algunos minutos después y habiendo reflexionado en si debía preguntarle si era él o no, Mike llegó — se rascó la nariz en un gesto nervioso y empezó de nuevo.
— Sí, sí, estabas pensando si era zapatón o no, ya sabemos, no es novedad — le dije y Banchero se rió con ganas.
— ¡Fuera mierda! Mike era negro y tenía el pelo rizado, especialmente un rizo que le caía en medio de la cara, me sorprendió no verlo llevar un sombrero y un guante en la mano, pero hasta ahí llegaban las similitudes, el tipo era como que, medio masivo, con la voz medio gruesa, y estoy seguro de que no baila ni la ronda.
Banchero se rió fuerte como siempre suele hacer, gente de otras mesas paraban la oreja y sonreían, como si hubieran oído un chiste solo para ellos.
— Al menos no era blanco y no lo descalificaste por blanco, por qué como sea estaba jodido, ¡Michael TAMBIÉN ha sido blanco! — terminó Banchero por decir.
— ¡Eso es cierto! Entonces Black or White, ¿era una canción o una pregunta que se hacía él mismo?.
— ¡Ya hay racismo, ya puedo reírme! — dije, mientras me cagaba de risa.
Sonó mi celular y por reflejo me puse a revisar, un mensaje diciéndome que tenga cuidado al regresar, que siempre que salía con esos tipos solo sabían tomar, que quizá debería tener otras distracciones. Me pareció tierna esa preocupación y sonreí al cerrar la app.
— Bueno, la cerveza se me terminó, es hora de pedir otra ronda — dijo Benavides mirando su botella vacía — ¿Ya terminaste tu jarra de lo que sea que hayas estado tomando Banchero?
— ¡Qué vas a saber de cervezas tú eunuco! Si tomas esos orines con nombre de mujer. Pero sí, también terminé, vamos a llamar a la chica.
Banchero se volteó hacia mí y me miró todavía bebiendo mi cerveza a medias — ¡Ah! Hijo, hay que darte de beber con biberón a ti ¿No? — Benavides me vio y sonrió así como de costado.
— ¿Qué dices? ¿Qué quieres chupón? Ven, ven ¡aquí hay del que te encanta! — me defendí.
— ¡Pero qué palabras proferiste Romaña pretencioso y jactancioso! ¡Ebrioso, que tienes ojos de perro y corazón de ciervo! ¿Me sugieres acaso que beba de ese miserable granito al que osas llamar miembro viril?
— ¿Qué? ¡Ven arrodíllate y te nombro caballero!
Benavides se ahogaba de risa al oírnos mientras Zendaya llegaba para recibir nuestras órdenes.
— ¿Qué van a pedir los señores?
— Una Heineken por favor cariño — y le dio una mirada de reojo para asegurarse del efecto de sus palabras, luego otra sonrisa a medias.
— ¡Otra cusqueña de trigo para mí!
— Dame bebida fermentada, para que esta afrenta abandone mi pecho.
— Jajajaja, deja de hablar como Homero huevón, creo que solo te has leído la Ilíada ¿No? — le dijo Benavides.
A este paso Zendaya ya estaba a medio camino, pero pude darme cuenta incluso de lejos que también se estaba riendo.
— ¡Eso no es cierto! También he leído la Odisea, Papillon, Los tres Mosqueteros, el Padrino, siguen firmas.
— Eso explica muchas cosas — anoté mentalmente. Pero ha pasado demasiado tiempo desde que juzgué a mis amistades por sus libros, es posible que haya leído más que los dos juntos, pero — ¿Me siento mejor que ellos por eso? — sospecho que no. Pero — ¿De dónde viene esta idea? no es el dinero, tampoco es que me sienta más solo que ellos — tendré que pensarlo en otra ocasión.
El calor había bajado, pero igual aún era el calor de Lima en verano, estaba extrañando las cervezas y Zendaya estaba demorando, aproveché para revisar el celular, le mandé un mensaje cariñoso diciéndole que no se preocupara, que aún podía tumbar a ese par como en la universidad.
Una doña nos trajo las cervezas, inmediatamente me puse a pensar — ¿Por qué doña? era posiblemente de mi edad — pensándolo bien, posiblemente estaba mejor conservada que yo, estaba con ropa apretada y caminaba como quien siempre ha caminado por la vida con ropa apretada. Pero no estoy seguro de que una mujer así debiera estar aquí, atendiéndonos, ¿Cuál sería su historia? ¿Divorcio reciente o algo así? complicado de adivinar, tampoco es como si fuera yo a preguntarle.
Pesada es la cadera que llena los leggins.
Me sentí culpable y escribí en el whatsapp — ¿Sabes que te quiero, no? ¿Y que te quiero a ti y solo a ti? — decidí borrar la segunda pregunta, porque la haría pensar que estoy en un hotel con alguien más.
— Ya que eres tan culto Banchero — le dijo Benavides, apuntando más allá de la respuesta, seguramente — Hay algo que he notado en nuestra cultura, me encanta observarnos como sociedad, tú sabes.
— ¿Qué cosa altamente racista o clasista vas a decir ahora? — contestó Banchero.
— ¡Nooo! ¿Cómo crees? del mismo modo que Michaeljackson Soto existe, existen otros nombres "americanizados" en nuestra sociedad, deberías saberlo, es algo fácil de notar, el futbolista que se llama Yordy, las flaquitas llamadas Yoryet, los amigos llamados Yon probablemente dentro de poco Yonsnow.
— ¡Jajajajaja! ¡Es cierto! y no son pocos, creo que existe gente en el Perú llamada Frizer, ¿no?
— Uno de tus negocios se llama Aramís, ¿No es cierto amigo Banchero? — pregunté aún mirando el celular por si me llegaba alguna respuesta — Ese es un nombre Francés…
— ¿Verdad que es elegante? — contestó sin prestar atención a la crítica, acorazado a pullas que iban más allá de lo evidente.
— ¡Bueno muchachos! — nos interrumpió Benavides — el caso es que he notado algo aún más sistemático, quizá hasta sintomático, en el interior, tienen la costumbre de agarrar palabras terminadas en "er" y usarlas como nombres, seguro han tenido vecinos así — se nos quedó viendo como si fuéramos bombas de efecto retardado.
— Por ejemplo — continuó para dejarlo claro — El Clever, el Minder, el Never, el Rider, el Diver y así, algunos ya solo siguen la convención sin palabra inicial alguna, por ejemplo el Yulver.
Banchero, empezó a reírse de manera escandalosa, mientras un satisfecho Benavides observaba la acción de su broma, yo por mi parte sabía eso como fruto de mi vecindad con algunas personas con nombres similares, así que el efecto era menor y no me distraía suficiente del teléfono.
Banchero ya llevaba demasiado tiempo riendo de algo, que empezaba a sospechar ya no era la broma, sino una ramificación propia, y entre ataques de risa comenzó a hablar él también — ¡Es cierto! ¡Pero también fíjate que muchas veces el significado que invocan es probablemente el contrario del que obtienen! — tomó aire y continúo — He visto un tipo llamado Clever que no podía ser más bruto ni aunque sus padres fueran hermanos, ¡Diver que no nadaba ni en la piscina!
Benavides fue tomado por sorpresa por esta respuesta y cayó en un ataque de risa compulsiva, en cuanto a mí, esta revelación de maldición por nombre sí me causó gracia y me dio una idea.
— Imagínate una familia apellidada Condori, conformada por hermanos cuyos nombres terminan en ER y ¡todos son lo contrario a lo que deberían ser! — quise extender mi idea — Imagina que tienen un primo de un tío que no captó bien la idea, y cuyo nombre es "Berserker" y el tipo es lampiño, afeminado y arquitecto de interiores.
Derramé parte de la cerveza en la mesa.
Me voy a traer un trapo para limpiar mi desastre y en la barra encuentro a la doña que nos trajo las cervezas antes, le explico y me dice — Ya joven, ¡ahorita voy a limpiar! — Empiezo a entender que probablemente es la dueña o la encargada, con este nuevo descubrimiento regreso a la mesa donde alarmado veo mi celular en las manos de Banchero.
— ¡Deja eso mierda! — le digo mientras acelero el paso, pero ya es tarde, de algo se están riendo — la cagada…
— ¡Eh Romaña! ¡Te llegó un mensaje de tu Ardillita bonita con labios de frambuesa! — me dijo Banchero, mientras podía sentir que mi rostro se ponía de un rojo que nunca sospeché podría habitar mi cara.
— ¿Por qué le dices Ardillita Romaña, para subida a la rama? — comenta Benavides viendo su oportunidad.
— Oye, no te pases Benavides — le digo, creo que puse mala cara porque inmediatamente Benavides pasó a la defensiva.
— ¡Perdona hombre, se me fue la mano, pero es tu culpa por ese nombre! — admito que es en parte cierto, menos no habría dicho yo si fuera al revés, pero la diferencia es que él no haría eso.
— ¡Benavides, deja en paz a mi sobrino! Solo lo dices por que estás envidioso de que estás solo.
A todo esto Zendaya llegó con un trapo y empezó a limpiar el desastre y a acomodar las botellas que iba a llevarse.
— ¿Pero de qué hablas Banchero? ¿No eres tú el que vive con ese Shitzu decadente? ¿Cómo se llamaba? ¿Ancalagón el negro?
— ¡Ah no! A Bucéfalo me lo dejas fuera de esto, ¡Ese es un ataque bajo y villano y espero te disculpes! — Banchero con la nariz hinchada por la furia esperando sus disculpas.
Zendaya estalló en carcajadas mientras se retiraba con las botellas y el trapo, Benavides se vio forzado a la disculpa por ese solo detalle.
— Está bien Banchero, perdón, pero por Dios, ¡No había perro para hombre!
— Le voy a decir que te muerda los huevos la próxima que nos veamos — dijo, para luego corregir — ¡Ah no! Para eso haría falta que tengas huevos.
Me reí en solidaridad, el calor empezaba a ceder y leí mi respuesta — Yo también te quiero, pero me entristece ver mi jardín secarse, ¿Podrías ayudarme a arreglar la tubería cuando vengas?.
Cerré la app y pensé en buscar un manual para arreglar tuberías.
Hace una hora que nos despedimos en un callejón fuera de la vista de los demás para poder usar nuestras propias movilidades, estoy a la vuelta de la casa de ella, y veo sus flores marchitándose. He encontrado un manual, pero eso puede demorar, Banchero tiene razón en algo que me dice ¿Por qué a veces estoy tan triste? Tengo mis propios medios.
— Quizá puede esperar media hora más — pienso, me siento en medio de sus flores y me quedo quieto mientras hago garuar en su jardín.
秋ならず
木枯らしが我が
葉を奪う
Vamos a hablar de la memoria. La memoria es el cuerpo de la realidad, la carne de tu cuerpo, igual que tú, la memoria está muriendo desde el momento en que nació, ¿sabes cuantas células cambias a diario?, tocar la memoria es engañarse, porque se acomoda y cambia sus células desde que sucede, en el segundo en que sucede, ya estás viviendo un recuerdo.
Por eso uno se aferra a lo que no cambia, los olores, los sabores, las texturas, el olor de tu ex perdido en el gentío del metropolitano te obliga a llorar sin decirte nada.
Y claro, aquí huele a galletas, y estoy a punto de llorar, como podrás ver, entender mecanismos no te exime de ellos. Un tipo especial de galleta y estoy derrotado, y aunque lo intente mil veces el olor no va a cambiar, necesidad primaria, lo único que cambia es lo que sucedió, un reemplazo podría funcionar, por un tiempo, un tiempo prudente.
La Cristina Bakery está a rebosar, y yo quería llevar croissants y comprar un café, todo para llevar, la cola es demasiado larga, una pareja se acaricia, y sigue oliendo a galletas, nada de esto es de esperarse, ¿Tendré que comprar esos panes desabridos y tristes del Starbucks?.
— Disculpa — le toco el hombro al de delante — ¿Sabes por donde hay un Starbucks de casualidad? — puedo notar que se pone a pensar y hago mi movida, leo, uno conveniente, cerca de la Biblioteca Nacional me voy.
El fulano no recuerda por qué se volteó, se voltea de nuevo a mirar la cola. Literalmente, no estuve ahí. Estoy en el Starbucks de Morelli, aquí no hay cola.
Me compro un latte y un par de mustios panes a los que tienen la audacia de llamar croissants, la cajera me sonríe, debe ser porque mi cabello es moteado como el de Pedro Pascal (aquí estoy mintiendo, me doy demasiado crédito, al miembro de Pedro Pascal me parezco), le digo "gracias bonita" y salgo por Morelli, hay una feria detrás de La Rambla, volveré por aquí al regresar, quizá tienen miel, ya estoy escaso, un té sin miel no sabe igual.
Camino a la biblioteca, por el casino me cruzo con un perro que mira a todos lados, pongo un kleenex en el suelo y doblo una rodilla, buen chico, está limpio, tiene un collar, pero no veo nombre, me mira asombrado, conozco esa mirada, le toco la cabeza de pelo suave, encuentro lo que busca y lo suelto, se corrige y se va caminando decidido a encontrar lo perdido.
— Y ellos piensan que soy malo, ¡ja! — Es fácil ser bueno sin responsabilidad. Es inútil explicar, es más curioso ver las reacciones ante la negativa, después de todo soy solo un burócrata más, y al final de cuentas, si todo es pasado apenas sucede ¿Todo intento de cambio no es ya solo historia pasada? Periódico de ayer.
Cruzo al BBVA, necesito algo de efectivo para más tarde, podría sacarlo más tarde, pero después estaría pensando en ello todo el tiempo. Entro a la zona del cajero y los veo, él es de más o menos mi edad, cabello blanco y negro moteado, chompa blanca con cuello de camisa, pantalón de drill plomo, probablemente profesor, ella es pequeña, se me vino a la mente que era su hija inicialmente, pero las diferencias son saltantes, él tiene el lóbulo de la oreja adherido y ella libre, ella tiene hoyuelos y él no, nuestro amigo debe medir un metro ochenta, mientras ella ronda el metro con cincuenta probablemente.
Además está la mano, y el cuerpo, la mano del hombre está en su hombro por un momento, pero parece nervioso de hacer la asociación, baja la mano, que termina colgada de manera incómoda, como si no supiera donde ponerla. Ella está con una caffarena larga y un pantalón jean azul, zapatillas. Su cuerpo está relajado, como con alguien al que le tienes confianza, pero no como con un padre, siempre hay cierta tensión, cierta rigidez con un padre, probablemente son pareja.
Les toca sacar dinero, ambos avanzan, pero el tipo, nervioso se hace a un lado mientras ella se acerca al cajero, se demora un poco, no parece recordar su pin y revisa algo en el celular. No pone los billetes en la billetera, los guarda en su bolsillo, no debe ser mucho y debe ser para uso inmediato.
Se retira del cajero y avanzo, pero miro de costado, se van, él con la mano insegura en su cintura, ella medio recostada. Él lleva un anillo, ella no.
Claro, eso es, jajaja, ¡Ah! ¡Pendejo te crees!.
Saco mi dinero, continúo hacia la biblioteca y recuerdo sin querer "tu nombre ha sido un recorte que guardé" el espasmo súbito, detenido, las manos en el barandal, el nudo en la garganta y el pecho, una vez más un ataque de nostalgia, quién diría que en mí sería lo más cercano al pánico.
— ¿Estarás tú también en algún lugar de Lima entrando a un hotel? — me masoqueo de camino, todas las posibilidades existen.
— ¡Meh! lo más probable es que no — como en "El Milagro Secreto" he muerto esta muerte cientos de veces porque la realidad aborrece seguir a la imaginación. Me imaginaré todas las horribles posibilidades, para evitar que sean reales.
Llego a la biblioteca, me pregunto si alguno tiene acceso ya, no quiero registrarme, pienso por un momento mientras llego, encuentro uno, incluso conoce a la bibliotecaria, no hay muchas diferencias, por un momento estará bien, es menos incómodo compartir que perder tiempo.
La sensación extraña de enderezarse, los hombros levantados, me cierro el abrigo y tiro mi cabello para atrás, no estoy seguro de si es incomodidad o es simplemente cómo se siente ser alguien más. Podría ser un poco más alto, jajaja, la postura funciona, pero no es lo mío. Lo dejo ser.
Escaneo mi DNI e ingreso, todo ha ido bien, pero esta sensación de que me encanta "Suits" me es incómoda, siempre voy a ser más bien de "The wire", no veo el momento de regresarlo a la introspección, quién diría que es tan horrible compartir tiempo conmigo mismo, probablemente por eso nadie me soporta.
Llego ante la bibliotecaria, debería preguntar donde puedo encontrar a Yates, pero me escucho con cierta repulsión hablar, incluso su timbre me es extraño.
Ella es sobria, blusa manga larga amarilla con cuello duro, chalequito, pequeño lazo en vez de corbata, le gusta sentirse linda, lentes grandes en una cara en forma de corazón, pantalón de vestir, huele a rosas, pero más bien del estilo de Chanel ¿Nº 5? le preocupa su imagen definitivamente, miro a su silla, como lo pensé, un pequeño blazer descansando en el respaldar. Seguro tiene cuenta de Bumble y pone que es administradora.
— ¡Hola! Veo que cambiaste de lentes, que suerte tienen de estar en tu rostro — Este conchasumadre se cree Harvey Specter.
— ¡Gracias Joven! — ¡se sonroja! eso es lo peor, ¡está funcionando! — ¿Qué vas a leer hoy?.
— Tus ojos por el momento — la miro de frente de manera intensa, está sonrojada — pero por un momento voy a distraerme con Yates, ¿Dónde lo encuentro?
— En humanidades, al fondo, siguiente cuarto — baja la mirada, vaya.
— Gracias encanto, volveré.
Me volteo, is enough Harvey, ya puedes largarte, con razón te dejó, ¿La habrás obligado a ver "Suits"? me pregunto con cierto asco. ¿Estarás en algún departamento viendo series? Si hubieras permanecido, ¿Me habría acostumbrado a éste?, el amor es un sacrificio dicen.
Regreso a mi postura, me despeino, abro mi abrigo, me siento más cómodo, busco con la mirada la sección.
— ¡Chotto matte! ¡no estoy encorvado, me he quedado erguido! carajo, debo dejar de hacer estas cosas si sé que me pueden afectar — no encuentro la manera de volver a mi posición inicial, bueno, ahora soy un poco más alto.
Ars memoriae, claro, el nombre adecuado, después de todo viene de Roma, pero ¿Qué es la memoria? ya lo dije antes, y algo de esto sé, es cierto que es un uso creativo y bueno, pero incompleto, identificar a los muertos por su posición en la mesa, qué tipo de accidente debe haber sido para que queden irreconocibles y se deba recurrir a la ubicación, o cuánto habrán demorado en encontrarlos.
Pero este método solo confía en la memoria espacial, no toma en cuenta el movimiento, tu interpretación de la memoria aquí es más bien estática, yo los habría reconocido por la ropa, por los ornamentos, pero también es incompleto, aunque suficiente, pero ¿Cómo identificas a las personas vivas? cuando el recuerdo es movimiento y cambio, cuando la luz no los ilumina igual, ¿Usarías el olor? ¿El timbre de la voz? las cosas que no cambian, que se mantienen físicamente disponibles.
El resto es fabricación, del mismo modo en que, aunque no lo quieran admitir, la nostalgia de lo que no pasó es un recuerdo tan vivo como cualquier otro.
Una vez más un espasmo súbito, como un reflujo, "y en el álbum del olvido lo pegué", es un nombre y las letras que fabrico para confundirme, he pensado en alguien en lugares tan disímiles que ahora no estoy seguro de si es así o si solo lo fabriqué. Toqué una piel tantas veces que ahora podría haberla tocado en otros lados, estoy fracturado de ese modo.
Me voy desdibujando en recuerdos disímiles, es mi destino el perderme en una mezcla de fabricación con realidad.
Definitivamente no estamos de acuerdo, pero aprecio el intento. He venido a aprender más de ti, y a ver si de paso aprendo algo fuera de ti amigo, pero mi seguridad se interpone, y mi inseguridad también, su nombre ¿Estará aprendiendo algo nuevo, opinando de escritos ajenos? casi puedo tocar ese recuerdo, porque ha sido mío.
¿Cómo es que las canciones manejan esto? También es válido:
"He llenado tu tiempo vacío de aventuras y más
Y mi mente ha parido nostalgia por no verte ya
Y haciendo el amor, te he nombrado sin quererlo yo
Porque en todas busco lo salvaje de tu sexo, amor"
¿Está creando el autor su propia memoria? es la fuerza de la costumbre quizá, "mi mente ha parido nostalgia por no verte ya" ¿qué tipo de nostalgia es? ¿Cómo superponer a la mujer que extraña sobre las demás?.
¿Ves? la memoria es dinámica, por ejemplo esa otra canción "En toda cama que duermo te vuelvo a ver" ¿Qué es lo que va a ver? ¿Una ilusión, recuerdo? O es solo él fabricando lo que desea en una proyección.
La memoria es una fragmentación de la realidad, sostenida por detalles concretos que aunque no cambien, solo adornan.
Luego de creerme Borges, lo mejor es irme, este ambiente me hace volverme pretencioso, aún hay muchas cosas que hacer hoy, me levanto y miro mi reflejo en una de las ventanas, hombre mestizo de 40 y tantos años, abrigo de mezclilla con parches en los codos y cabello canoso… Ya sé, ya sé, sospechoso común.
Regreso a la entrada, pero recuerdo que le dije algo a la bibliotecaria, sospecho que se va a llevar una decepción, es preferible a compartir espacio de nuevo con un inquilino raro. Me acerco y escucho a un tipo hablando en el límite de lo que es adecuado en una biblioteca.
— ¡Y es por eso que creo que lo último de valor en la literatura fue el boom! y no se va a repetir más.
Si la Universidad de San Marcos fuera una persona, definitivamente sería este huevón, mochila colgada de los hombros, polo negro sin logos, pantalón de cargo, pretencioso, con el pelo desordenado — En lector de Coelho debería volverte — pienso por un momento, pero a decir verdad, me miro en un espejo, y son ideas infantiles similares a las mías a su edad. Lo toco para pedirle permiso y actúo antes de pensarlo bien.
— Pensándolo bien ¿en qué sección encuentro a David Foster Wallace? — la bibliotecaria le dice algo que no escucho bien y el tipo se va hacia el fondo. La bibliotecaria me mira distinto, sigue oliendo a señora cuidadosa, le sonrío y me voy.
Me pregunto si estarás esperando a alguien más para almorzar, si estará llegando y le evitarás el beso al encontrarse mientras te sonrojas. Si otra vez pedirás ensalada y un dulce, café con leche al medio día. Lanzo mi pequeño hechizo para prohibirte ese almuerzo, me pregunto si me has contagiado los lattes.
Llego a la feria a buscar miel, pero me encuentro pensando en "Lady Bee" y en cócteles con miel, le doy una vuelta más y sintonizo con el té, felizmente no lo he perdido, pero encuentro que tengo gin en casa y que me gusta agregarle un poco ahora.
Al menos no es cognac.
Me corta el pensamiento el olor a café y algarrobina, la canela. En algún punto de Lima, alguien está repartiendo canela y clavo de olor, me alarma que eso pueda estar sucediendo — ¿He sido yo? — ya ni siquiera sé qué estupideces hago como sidequests.
— Señora, ¿su miel de dónde viene? — pregunto para madrugarla, es una buena pregunta para pasar por conocedor, pero también para removerle el cerebro, encuentro que es de Oxapampa antes de que me contestes.
— ¡De Oxapampa joven! ¿Quiere probar?
— No señora, le creo ¿me da un kilo?, envuélvalo para llevarlo lejos por favor — veo el precio en su pizarrita, le extiendo el teléfono, sabe que es con tarjeta.
— ¿En cuotas hijo? — mira la pantalla del POS mientras pregunta.
— Débito señora, gracias.
Me paso el tiempo evitando que alguien te de el mismo amor que te di, ser consciente de eso y usar una superstición en vez de decretar es una especie de hipocresía, pero no puedo evitarla, incluso ahora mismo me pregunto si alguien más te dará té con miel y naranjas, este pequeño hechizo es el único dominio que me permito usualmente, en el espacio entre la memoria y una fabricación activa, aún me esquivas los besos al llegar pero me tomas de la mano.
Se que debería haberme ido ya, dejado este vacío solo, pero estoy condenado a no poder, incluso cuando palideces en comparación, mi mecanismo no deja ir, se aferra, prefiero detenerme antes de fracasar y decirle a alguien más "hazme olvidarla, por favor hazme olvidarla" porque la confesión es humillante y me confunde. A final de cuentas, incluso yo tengo vergüenza, e incluso yo, cuando estoy acorralado, puedo portarme como hombre y soportar la soledad.
Sin darme cuenta de cómo camino, me choco con otro puesto, tumbé un par de potes de algo, felizmente tiene precio y solo uno se rompe, comienza a oler a melaza y está haciendo algo de frío, es agradable, me hace sentir vivo, y no quiero cambiarlo, no quiero malgastar el día de hoy.
— Disculpe señora, vivo en el pasado, no me fijé — pero no es una señora, es una muchacha morena, bonita, que sonríe entendiendo el error, me señala el QR al que apunto.
— No te preocupes — me dice aún sonriendo — a todos nos pasa, toma esto — y me regala un pote pequeñísimo de algo oscuro, probablemente algarrobina — si quisieras comprar algo más aquí te dejo una tarjeta, ¡solo escríbeme! — y me extiende una tarjeta, acaba de escribir en ella, es otro número de teléfono, con su nombre.
— Claro, gracias — contesto confundido y cansado, avanzo unos metros mientras pienso "quién no se moja los labios, con otros que sepan a miel" ¿es que existe alguna redención distinta para mí? es porque es morena quizá, pero, ¿puedo permitirme eso? jugar así, ¿qué pasará cuando vuelva? cuando finalmente consiga mi meta, ¿qué excusa le daré? "Amor, se pareció tanto a ti, que no pude guardar, en mi cuerpo el deseo, y la tuve que amar" ¿es una buena excusa? yo, no puedo, no podría, mi mecanismo es la lealtad estúpida.
Evitando pensar rompí la tarjeta y la tiré en un tacho cercano, me siento culpable, necesito ir a buscarte.
Mi culpa se siente tan profunda que no puedo aceptar ser creepy incluso por un momento efímero y que vaya a ser olvidado, porque yo no lo voy a olvidar, hablarle a alguien que no me desea en su vida ahora mismo, forzar por un momento mi presencia, con mis tarros de miel en la mano, con el olor a humedad de Lima que se me contagia a veces, además evitaría decepcionarla de borrarme.
Me acerco nuevamente a la chica morena y le pregunto sin usar su nombre que ni siquiera leí.
— Disculpa ¿por dónde vives? — la veo sonreír, no se da cuenta del bait, la siento pensar, aprovecho para inmiscuirme, me lastima la certeza de que pasa constantemente cerca de mí, he encontrado lo que busco, me voy, pero me aseguro de que me olvide completamente.
Llego al recuerdo, camino unos pasos, empujo la llave en la puerta y regreso al hogar, abro el pote pequeño, meto el dedo y pruebo, es dulce, reconfortante ¿así sería su cuerpo?, ¿así se sentiría besarlo? esas son preguntas que ya no tienen respuesta para mí. Me quito el abrigo y lo cuelgo ceremoniosamente con los demás, pongo la tetera a hervir, me quito los zapatos, me pongo los horribles y cómodos crocs, prendo la computadora, ya es casi el momento, me viene a la mente la música que te gusta, he pensado en lo contrario, pero ahora ¿puedo prohibirte que hagas lo que quieres por un momento? te imagino compartiendo con alguien tus gustos para lanzar el hechizo mínimo.
El agua ha hervido, la dejo hervir un poco más mientras pongo té en la filtradora, traigo la miel, y parece que desde ahora, el gin, pongo dos tazas boca abajo en la mesa para recibirte, bajo un poco el fuego sin apagar la cocina para mantener el agua hirviendo apenas.
Dejé todo lo demás desordenado o como está, no necesitamos mentirnos sobre eso, ya nos conocemos, solo la cama está tendida. Sería ridículo poner flores, el té es suficiente, cierro los ojos y empiezo mi apuesta.
"¡Apu Pachacamac! Ñuqa, qanpa kayninmanta huk rakita rikuchiq, yanapaqniyki kamachiyta hinallataq waqaychayta, sapa punchaw pisiyachkani atiyniykipa chawpinlla kananpaq. Mana mañakuykichu, aswanqa ¡mañakuykimanta astawan kamachiyki! pagoyta: saqeykuway mana allinta ruranaypaq, chayqa noqallapipas kaptinpas. Kay tikrayta qoykuway, hinaspa munasqayta hunt'anman."
Abro los ojos y sigo solo.
Me paro y me dirijo a la computadora, con el formulario abierto, de camino otra vez un reflujo, me agarro al lavabo y levanto la cortina de la ventana de la cocina, el mundo sigue igual a como existía antes de, el tragamonedas falló una vez más, pero podría haber sido hoy, no me arrepiento.
Me siento y empiezo a responder.
— ¿Quién eres?
— Profesor universitario, 40 y tantos años, sigo viviendo en una época que ya se fue, puedo revisar las memorias, variar lo que quiera, arriesgo mucho con los cambios, algún día voy a arruinar el mundo, pero si consigo lo que quiero, me da igual.
— ¿Hasta dónde llegaron?
— No muy lejos, a decir verdad soy muy torpe, pero si nos besamos, no sé si más o menos veces que en otras iteraciones, pero tengo el recuerdo valioso de una noche estrellada en Huancaya, quizá es un regalo para los demás.
— ¿Sigue contigo?
— Creo que ya sabemos que no.
Cierro el documento, abro el otro, veo las últimas razones en la lista:
25/05: Le fui infiel. 26/05: Prefirió su carrera. 27/05: Su familia la rompió.
Me toca escribir lo de hoy, empiezo a interrogarme y resumir en una línea, debo apurarme, debo apagar la cocina.
Me pregunto si usaré las dos tazas para tomarme todo ese té.
冬ならず
雨のニスの下
水仙を引き抜く
— Y ¿Cómo está la ardillita? — le pregunté a mi amigo Romaña cachacientamente, mientras lo veía sonrojarse un poco y odiarme bastante por un segundo.
Esa mirada me causaba una especie de placer, la garúa volviéndose agresiva por un instante, saber que había causado algo.
— Así que esos payasos te dijeron, ¿No? — levantó su cigarro y le dio una pitada — ella está bien, gracias por preguntar — no sé cómo se llama ese olor, el de los cigarros mojados, el humo aguado, no es desagradable, pero él es una nuez, una nuez ajena con su ardillita.
— Ya se habían demorado, pensé que se habían enterado hace meses, pero todo llega a mis oídos finalmente — conversando bajo la garúa con un amigo, soy toda una chica coqueta, una más del barrio — de todos modos te pega, no podía haber sido de otra manera, eres abiertamente cursi, para usar una de tus palabras in-apologéticamente cursi, no te imagino poniendo Irma Gálvez o algo así de nombre de contacto a tus parejas.
— Aún hueles a clavo de olor, ha pasado tiempo desde el concierto, ¿tan poco te bañas? — Su mirada es más de preocupación que de broma, pero igual quiere sonar jodido.
— Si es bastante raro, ese tipo es raro.
— ¿El que casi te estaba metiendo la mano debajo del calzón?
— ¡Ah pendejito te crees! — me di cuenta de algo también, incluso cuando es una nuez, en el fondo parece que me desea, seamos crueles entonces — pero ya sabes, es algo que tú no harás, aunque no es eso lo extraño, es la cosa esa que lleva colgando, es la causa de este aroma a clavo de olor.
— Si, también me cambió los cigarros a unos clove, es un poco como el loquito ese del profe ¿Crees que sea peligroso?
— Posiblemente, pero bue, qué diablos, el mundo se está acabando, estamos muriendo desde que nacemos diría el loquito ese del profe, que lo resuelva otro — luego me volteo a verlo para ver su reacción a la pregunta — Y ¿desde cuándo te gusta Interpol? pensé que serías más de Roberto Carlos, y además vas solo ¿No le gusta el rock a la ardillita?
— Jajaja, pronto vas a decir que me gusta Sabina y Calamaro, ¿Por qué ese prejuicio? — su cara roja, cambia por milésimas de segundo la lluvia, pero las pocas gotas fuertes suenan sobre el techo de chapa del paradero.
— ¿Qué? ¿No te gustan? — le pregunto realmente sorprendida, parece que le duele que lo considere monse, pero no lo considero así, es solo su idea.
— Bueno, Sabina sí, pero Calamaro no, ya sabes los fans de ambos me llegan al pincho, creo que a todos.
— Bueno, debo irme al cementerio, ¿sabes si hay un carro viniendo cerca? — le pregunto por el favor indirectamente.
— Déjame ver — cierra los ojos por un momento — hay uno a Villa María como a 4 minutos ¿Quiéres que te acompañe?
— No, es algo que debo hacer sola, además no quiero que te empieces a poner cariñoso — nuevamente se sonroja — además no te puedes mover mientras, y la verdad está bueno que llueva aquí, a ver si crece algo.
— ¡Pero si yo siempre soy cariñoso!
— Ya sabes a que me refiero, además la Ardillita te espera en casa ¡vaya, vaya! pero primero acaba de regar por aquí ¿Quieres?
— Jajaja, está bien, está bien, llega en dos minutos, vaya parándose.
— ¡Gracias, amiguito! — le noto un retortijón final y escucho las últimas gotas enojadas sobre la chapa, por un momento siento el aroma a tierra mojada que emerge por encima del clavo de olor que me implantaron.
Llega mi combi, me subo, soy compacta así que no hay problema en ubicarse, la garúa suena distinto, relajante como si fuera un ending de anime, cuando vamos a conversar siempre he pensado en "it's gonna rain", al final, en el fondo, es posible que no fuera tan malo ser una ardillita.
— Suerte con eso amigo.
No siento hostilidad aquí, pero debería, es el lugar correcto, una combi, pero imagino que la gente se pone reflexiva de camino al cementerio, eso me aburre un poco, pero no tengo espacio para nada y la verdad tampoco quiero exponerme aquí.
Este invierno, por fin está haciendo frío, juego con el vaho en la ventana de la combi, escribo mi nombre, escribo mi número, si alguien hace lo mismo tendrá la suerte de poder escribirme, luego podré jugarle bromas haciéndome pasar por extorsionadora — ¿Qué pensaste papu? ¿que lo dejo para ser novia de alquiler? — la gente no suele darse cuenta de las tonterías que hace.
Yo menos que nadie.
Llegar al cementerio más grande de Lima es una cosa, pero uno no espera que algo tan lúgubre se sienta tan lleno, al menos en la entrada, la cantidad de gente vendiendo cosas, cerveza, gorritas para un sol inexistente, flores y agua para regarlas, parece más un festival.
— Parece que estoy afuera de un concierto, de una fiesta patronal — me sorprendo de la cultura limeña, migrante, de convertir incluso lo más triste en una especie de fiesta, eso explica mucho, tenemos el rate más bajo de suicidios en el mundo ¿no?, la frase "ya que chucha" sostiene la salud mental de mi lindo Perú.
Ya en la entrada lo siento, este frío es extraño, no es el mismo de otros lados, ni el mismo que me recibe cada vez que vengo, se levanta algo de polvo, y por un segundo me sorprendo pensando que no estaría tan mal algo de lluvia por aquí, pero lo dejé regando por allá.
Me sonroja pensar que quiero algo mío, así sepa que me aburriré pronto. Me levanto un poco la blusa y acaricio la muñeca azul triste que llevo colgada, imagino otro muñeco al costado, lentes enormes, unas canas abrigo medio largo, parecido a una nuez, pero yo no soy una ardilla.
— ¡Preciosa llévate unas flores! — me saca de mis pensamientos una vendedora de flores, sus ramos de cementerio, me llama la atención un ramo.
— ¿Qué flores son estas?
— ¡Preciosa son los claveles y crisantemos! ¡Llévatelos baratos! ¡15 soles nada más! — me pone en la cara su QR, parece una de esas señoras de los memes de los conciertos de Marisol, llorando un desengaño, no se parece para nada a mi Mamá, en cambio yo me descubro cada vez más parecida a ella en el espejo.
— Pero señora, tú sabes que esas flores están 10 soles — le contesto, tratando de regatear.
— ¡Ya, ya flaquita llévate a 10! — me halaga que me diga flaquita, he estado comiendo menos estos días.
Recojo mis flores y paro una moto colorida, nada como saber que mi destino depende de alguien que probablemente no tiene licencia ni nada parecido a una instrucción formal en cómo manejar su vehículo.
— ¿Dónde está la adrenalina en una vida sin esto? — Me mira extraño el mototaxista, le devuelvo la mirada frunciendo el ceño, como cuando dos perros se miden, yo gano, él baja la mirada primero.
— ¿A dónde va señorita? — Así me gusta, nada de flaquita, ni linda, ni huevadas así de tu parte.
— Al sector H, manzana 12 por favor — el frío pareciera intensificarse, felizmente vine con casaca, pero la siento aferrarse a mí, como en el cuento del viento y el sol.
Arriesgo mi vida en esta moto veloz, le tengo algo de envidia a los otros que pueden moverse rápido, a mí solo me queda mirar el paisaje por la ventana, los cerros pelados invadidos por casitas, la gente deambulando, cargando sus cajas de cerveza, el olor a flores que sin verlas de frente empieza a elevarse por encima de mi clavo de olor.
A veces lo siento como una capa encima mío, como si tuviera un collar que desprende ese olor, como un perro bien cuidado, al que el dueño le pone collares perfumados.
El problema es que yo no sé hacer trucos, no levanto la patita, ni te saludo, esperas de mí una satisfacción que no te voy a dar, solito te esclavizas, tu único consuelo es haberme regalado algo.
Veo en la cima del cerrito del costado algo lejos de mí algo que me hace entender el frío, un joven en una especie de mausoleo con la camisa larga, pantalón de drill, dos botones desabrochados como siempre, imagino, las mangas arremangadas, camisa dentro del pantalón, moviendo las manos, confundido director de orquesta, es ese otaku idiota que nunca entiende que me estoy regalando, jajajaja. Dirigiendo el viento, seguro diría alguna estupidez como "¡Mira! ¡Es un concierto de vientos!" recontra cojudo.
— Seguro el rosquete ese de su amigo está por ahí sentado mirándolo — pienso, es hasta dulce como no se entera de nada nunca, sigo mirándolo, él se voltea, me sorprende, me está mirando, está demasiado lejos para distinguir bien que hace.
— ¡Hola amiguita! que agradable saber que vienes a visitarme mientras saludo a mi tutor — claro, el imbécil puede comunicarse a través del viento, "amiga" me pega como un saco de ladrillos en la cara, entiendo fugazmente a Romaña, no pienso abrir la boca, dignificarlo con una respuesta.
Felizmente la moto se aleja rápido.
— Señorita, ya llegamos — me avisa en tono bajo el mototaxista, lo he amaestrado bien con una mirada, aún tengo el toque.
Me bajo sin contestarle, es una zona medio vacía pero con un montón de niebla, huele a humedad, me sentiría más helada si no fuera por el olor a chocolatada que despido, se que en este lugar pasan cosas, hay huesos de cosas regados cerca, no hace falta ser adivino, malditos tontos, piensan que tocan lo que no conocen ni pueden ver.
Yo por mi lado entiendo y veo, y lo que veo no me asusta, es un poco duro dar a entender que no hay mucho que temer del más allá, que uno debe cuidarse más de lo que tenemos cerca.
Me hundo en la niebla y de ese modo invado la intimidad de cosas que no están en este plano, lo cual es, como que, aburrido la verdad. Se que en un ratito los encuentro, me preparo para encontrarlos, como quien vuelve a casa de chibolo, a las 4am, ebrio, a encarar a su perro bullicioso, mientras reza que no se despierte su vieja.
— ¡Tres fantasmaaaaaaasssss! — los madrugo, los tres han visto Pataclaun.
— Ya no hay respeto a las almitas que no tienen descanso, ¿no? — escucho esa voz entre nasal y ahogada, la única particularidad que nos diferencia, es como oír a alguien hablarte por debajo del agua.
— Si pues, ni aparecemos y ya nos insulta la señorita — el segundo, vendedor de moliente, una bala perdida, no sé que lo mantiene apegado.
— Bueno, a ella le perdono todo — fantasma idiota y libidinoso — siempre es un placer verte de cerca y no solo imaginarte — no quiero ni pensar que imagina la verdad.
— ¡Que chucha vas a imaginar huevón, si no puedes tocarme! y cuando muera a los 120 años, tu seguirás teniendo esos, bueno, no sé cuántos años tienes — lo miro directo para que sepa que no es broma, que no me "hago la difícil" — ¿Cómo carajos te moriste así de joven?
— Me apuñaló por la espalda el esposo de mi flaquita — y sonríe como un niño que le cuenta al profesor que su tarea se la comió el perro.
— Ya huevón, esa no te la crees ni tú, dime la verdad.
— Si pues señorita, bien fanfarrón resultó ser este zamarro, con esa cara de jarjacha creo más bien que se asustó demasiado al verse en el espejo.
— Ya, ya, si no me quieren creer ¡no me crean pues!.
— Yo sí sé cómo murió — dice el primero — lo oí de su familia — puedo captar la mirada alarmada del tercero — se emborrachó y se hizo atropellar por una combi.
Si aún tuviera algo como sangre, creo que se habría sonrojado, pero no está mal, peores maneras de morir hay.
— Qué te paltea oe, no está mal morir así, es razonable, tomaste demasiado, te fuiste caminando a casa, te atropellaron.
— Es que no tomó demasiado — dice el primero — ¡solo se tomó una botella de cerveza! al menos eso dijo su familia.
— ¡Ah, con que cabeza de pollo eras!
Pude ver de nuevo esa vergüenza recorrerle el rostro, como si no pudiera procesar algo, abrió la boca, ya completamente arrastrado por la corriente de la mentira.
— ¡Eso es mentira! ¡No fue cerveza! ¡Fue una botella de tequila, yo solo!
— De dónde vas a sacar tequila tú oe, si me hubieras dicho yonke te hubiera creído quizá.
— ¿Sabes que podemos ver debajo de la ropa? y estoy viendo algo que me gusta — dice el tercero, mintiendo obviamente.
— ¡Calla huevón! no puedes hacer eso — miro a los otros dos y les hablo — ¿Sí o no?
— No señorita, no podemos, ese saqra puras mentiras está diciendo — me confirma el segundo.
— Buenos muchachos, ya saben a qué he venido, sean útiles — los veo empezar a brillar despacio de un color azulino, como faros neblineros, me permite observar.
— ¡Deberías venir en falda! — dice el tercero — tienes bonitas piernas.
— ¡Calla mierda y camina!
— Siempre eres cruel…
— Siempre hablas huevadas — me limito a seguirlos mirando los nombres en las cruces, sigo observando, no puedo quitarme de la cabeza la idea de que debo estar alerta.
— Borges decía que la mayoría de laberintos se resolvían doblando siempre a la izquierda — dice el primero.
— Pues los que hacían laberintos eran bien babosos o Borges estaba escribiendo huevadas — veo que pone cara pensativa — pero has dicho algo interesante que no he preguntado antes, ¿Por qué este lugar es un laberinto?
— Tu muertita se fue pensando en no ser encontrada, pensó que era una carga para ti — responde el segundo.
— Podría haberse quedado a resolver eso entonces — contesto un poco molesta.
— No es tan fácil flaca — me dice el primero — uno debe estar arduamente arrepentido de algo, querer corregirlo, para quedarse atado a esto, como nosotros. Lo siguiente es lo que hizo tu madre, tratar de que la olvides.
Nos movemos en círculos, como si estuviéramos bajando en una espiral, hacia un lugar en el cual se acumula la luz, pero es la de mis mascotas, la neblina se va desvaneciendo de a pocos, leo nombres de personas normales, de tipos que podrían haber sido mis vecinos, pero no encuentro el nombre que busco.
Nos detenemos.
— Parece que no nos hemos fijado bien, porque estamos empezando a regresar — observa el primero.
Me doy cuenta de que en verdad no estaba buscando, estaba leyendo, algo oscuro más que gris me distrae, y me doy cuenta de que pase lo que pase una distracción no es algo que suela suceder.
— Vamos de regreso muchachos, me fijaré mejor — les digo. Entonces pasan ya no cerca sino a través de mí y siento esa repugnante sensación de frío y pausa, pero no la que me invade cuando me detengo a actuar, algo como estar sumergido en una piscina, de noche, cuando hace frío, escondida de los demás por un momento.
A diferencia de lo que sentía no estamos caminando en círculos, estamos avanzando doblando a la derecha en encrucijadas que no existen, de pronto veo una cruz conocida.
Hemos encontrado el lugar que vine a evitar.
— Ya llegamos muchachos, estamos aquí.
Busco el espacio en el pequeño jardín para dejar el ramo, las suculentas alimentadas por el rocío y la humedad reinan en estos jardines, coloco mis flores en medio y les echo agua, veo las lámparas azules que me rodean y siento una soledad física intensa, por segunda vez un destello de añoranza de la lluvia que dejé en casa, pero esta vez solo para no afrontar estas visitas sin algo que palpite cerca.
— Señorita, sería mejor irnos pronto, hay algo que no debería estar por aquí pues, estoy sintiendo frío.
Me pregunto qué cosa podría causarles sensaciones físicas, es probable que sea el miedo.
— ¿Ustedes sienten frío?
— No es exactamente frío — dice el primero — es como que algo nos afecta, nos disminuye por un momento, como si algo interfiriera.
— Yo siento calorcito cuando pienso en ti — comenta el patán ese.
— ¡Fuera mierda! — pero se me escapa una sonrisa de la imbecilidad que dice.
— Mi emolientero amigo, tiene razón, es mejor irnos pronto, deberíamos evitar conflictos.
— Me llamo Prudencio — observa el segundo, para que no lo confundan.
— Huir no es la mejor manera de matar los conflictos — le digo tratando de no traicionar lo que pienso — jajaja dije matar los conflictos, en el cementerio, donde todo está muerto, aquí ya no debemos matar nada… ni a ustedes, ni conflictos, ni penas, ni… ustedes fueron débiles para quedarse, mientras que mi madre… — me agacho un poco para poder limpiarme la lágrima antes de que me vean — mami solo se fué, ustedes no, yo tampoco, puedo joderlos pero soy otro fantasma, igualita que yo, mi único consuelo es regalarle algo.
Me siento a rezar un momento, prendo una vela que dejo arriba, en el techo de la casita. Levanto la vista y los veo incómodos.
— Vámonos de aquí, ya volveré.
Veo el alivio, la complicidad en no dejarme ver algo, para no complicarse con explicaciones, pero odio que me dejen fuera de cualquier cosa.
— ¿No me van a explicar de qué estamos escapando?
— Cuando vengas en minifalda — sonríe pero no para sí mismo, yo ya tengo una idea.
— ¡Carajo qué jodido eres! ¿Dónde está tu tumba? — pregunto tendiendo el cebo.
— Los tres somos vecinos, ahí donde hay 3 casitas juntas, la mía es la marrón del medio.
— Entiendo, vamos, me gustaría ver dónde viven.
Caminan por delante, llegamos a una parte con sólo cruces en el suelo y las tres casitas que me dicen, resaltando como una cicatriz en un pecho perfecto.
— ¡Mira, hasta te dejaron flores! ¡Narcisos! — digo mientras sonrío de costado y entrecierro los ojos como Anya de "Spy x Family" me mira alarmado el pajero ese mientras levanto las flores que le dejaron.
— ¿Pero qué estás haciendo? — pregunta desesperado.
— Nada — le contesto — es tu castigo por ser tan jodido.
Seguimos caminando hacia la salida de la niebla, mi libidinoso amigo apagado, los otros dos más bien preocupados.
— Bueno como dicen por ahí, las peores despedidas son las más largas, así que chau nomás — y les levanto la patita, pero por que me da la gana.
Se quedan haciéndome gestos con las manos mientras se van apagando. En la pista otra moto, pero esta vez un anciano, va a ser un poco más lento, pero a estas alturas estoy algo cansada.
Nos vamos.
De camino la moto tiene más turbulencia que un vuelo por el Atlántico, me agarro por ratos para no saltar y golpearme con el techo, escucho ruidos raros arriba, como piedritas.
Bajo y está lloviendo, ¿Podría ser? salgo caminando más rápido de lo que hubiera querido hacia el paradero, me interrumpen los ambulantes, me ofrecen cosas que ya no necesito, me ven con el ramo de narcisos y sacan botellas con agua de cisterna, me estorban, comienzo a casi correr, llegó al paradero.
Solo dos señoras sentadas, al final no nací para ser una ardilla, mis latidos descienden a su nivel habitual y me siento con las dos mamachas.
Sin posibilidad de saber si viene o no mi combi me subo en el primer colectivo que viene, está lleno, puros hombres, abren la puerta.
— Amiga ¿dónde vas a bajar? — contesto y se bajan los dos gorditos que estaban subidos, ambos bajan antes.
Arrancamos, bajo un poco la ventana, el de la otra puerta la baja por completo igual que el chofer. Siento que el aire entra, que el frío nos rodea, me quedo quieta y me dejo caer un poco.
— ¿Amigo, podrías cerrar tu ventana? Está haciendo frío.
— Dame un momento.
Seguimos por la pista, la lluvia entra a toda velocidad por las ventanas abiertas.
— ¿Brother, quieres cerrar la ventana? me estoy cagando de frío — dice el de en medio.
— ¿Has probado con abrigarte? y deja de moverte que me estás rozando demasiado — contesta el otro.
— ¡Putamadre, cállense! ahorita llaman la atención de los de la ATU — les dice el chofer.
El pasajero de adelante se despierta y les grita que lo dejen dormir.
A medida que vamos avanzando se insultan peor, se amenazan con bajar, yo juego con el vaho en mi ventana medio abierta, dejando que la garúa me golpee en la cara, pensando en una nuez.