¿Compulsión?
Comenzaré desde una condición inicial, alterando la ecuación no lineal del tiempo y el espacio, del clima y de todas aquellas cosas que uno tarda demasiado en encontrarles sentido, es improbable que tengas tiempo de darte cuenta, de encontrarte cara a cara con la verdad cruda, sin que ella te haga daño, por eso te tapas los oídos, tardas demasiado en advertir que todo esto es completamente casual, ves solo el lado oscuro de las cosas, y no le encuentras un sentido (que no existe), ni esta vez, ni otra, ni ninguna.
Es solamente una perturbación mínima, en la que tus mismas alergias se van desarrollando, y vas cayendo, profunda, silenciosamente, a toda aquella manera de no estar, de no ser, de estar en dos planos, antes de que se fracture la realidad, y el cinismo, el miedo, la bulla, y todas aquellas cosas que uno extrae grotescamente de dentro, conectan (en el caos) con la vorágine de la realidad.
Ahora que la luz ilumina todo con su paso veloz y estúpido, puedo pensar que no podrás, que es inútil que intentes encontrar ayuda. Es muy tarde. Es mortal, es una enfermedad. Y ahora quiero ignorar si estoy enfermo, si estoy loco, si soy masoquista. Te confieso que este minúsculo cambio se me está volviendo un nuevo tipo de psicosis, un ritual compulsivo falaz.
¿Sangre ritual?
La gente no suele jugar con su sangre, esas son cosas turbias, esta tinta es turbia, es roja, sucia, pero no es salada, te observo fallar, incapaz de borrar lo que fue, los lazos dibujados con sangre (te conviertes en espada fallida para este trágico nudo gordiano) realmente no comprendo las promesas de los ángeles, esa redención que terminamos soslayando (el ritual eterno, la cima que se reinicia) viendo de costado, expones la frente buscando una bendición que los últimos rayos del sol terminan negándote (nuevamente) y entonces descubres, ¡Mierda, una vez más un día bonito y soleado!
Fallidos rituales como estos me empujan a jugar con mi sangre y los latidos de mi corazón, solía perturbarme, lo admito, noches de taquicardias desperdiciadas, las ventanas cerradas, el miedo a responder al deseo turbio, a la fisicalidad, con esa oscuridad que acabas sintiendo en la punta de la lengua, de tan espesa que es: "el peso de esta me aplasta, como la certeza de saber que estoy completamente solo dentro de ella", luego, solo luego y mucho después, descubrí el placer de jugar con el torrente de mis latidos, con esa adicción en mente, la sensación de ausencia del corazón, de inicio de la bajada de presión, de las corrientes en la boca del estómago, y de verte inalcanzable en mi exceso de pensamiento, ajena, y el dolor que me causaba esa revelación desembocó en placer.
Pero el ritual exigía un sacrificio, y yo estaba dispuesto, sin capitular, sin darte pistas, sin explicarte las reglas, para evitar tu huida, ahorrarte la incomodidad, me quedaré solo, influenciado por los ciclos lunares, que juegan con la marea de mi sangre, y con los depósitos de sal de lo que fue tu cuerpo, sabor a ausencia de ti.