2026ENSAYO

Ayer… (observación clínica)

Escrito por Luis

Ayer…

Uno: Hay lugares que quedan reducidos al tiempo que tardas en atravesarlos, a toda velocidad, sin detenerte. Nadie corre, solo tú —¿atrapado?— persiguiendo la sombra que cae al revés, como el fuego de lo que no se consume, como un recuerdo, quedó, solo, arrinconado. Lo has visto llorar y eso causó la inevitable fractura, no pudiste evitarlo. Se te escapó una lágrima también, nada te absuelve. Es lo único que puedes dar desde este lado.

Dos: Estás enajenado, y dos puntos aparte: buscas, atrapas, persigues, encuentras, como si fueras el manual de las patologías de algún desorden psíquico, o el conejillo de indias de alguna insospechada doctora que solo te mira del otro lado de una pantalla. Sientes los giros de la corriente bajando por el cuerpo —no es descarga, o sí, ya no estás seguro. No es lo mismo estar solo que estar atrapado, eso todavía lo sabes, aunque cada vez sabes menos. El amanecer más cercano ha sido solo una oda. ¿Has visto lo tarde que se ha hecho? No hay nadie esperando del otro lado. Eso no lo sabes, pero lo intuyes.

Tres: Has abierto la ventana antes de acostarte, hace muchísimo frío, sientes cómo baja la presión. La idea de estar bien o mal ya no te concierne, quizá es el deber, quizá es la inercia, tú tampoco lo sabes del todo. Te quedas dormido.

Desde los ojos de un ave azul, ves como abandonas el hogar hacia una rama más alta, siempre una más alta, como si el cielo tuviera techo y hubiera que encontrarlo. Nadie te persigue. Como una obsesión compulsiva, subes.

Algo se te ha caído en medio de los saltos pero no sabes qué, y así es mejor, no lo eches tanto de menos. Luego caminas, y te das cuenta que el frío es interno, lo contagias, eres el lugar de menor presión atmosférica. Cuando lo ves, hay un hueco en el pecho, justo donde debía estar el corazón. Algo late ahí, sin embargo. Con repugnancia te pones una foto melancólica en ese lugar, tiene su significado, pero ya lo has olvidado. No late igual. A la mierda. Tengo las horas contadas.

Cuatro: No hay cuatro.

Cinco: Igual a todo lo demás, solo que un poco más inestable. Seguramente fue mal entrenado.

  • Tiene un hoyo profundo en la boca del estómago, no tiene elementos para reemplazarlo.
  • Ha buscado una rama más alta, pero no sabe por qué la busca, solo que otros lo hicieron.
  • Le han dejado las raíces mal podadas, no hay hacia dónde crecer, no hay hacia dónde huir en sueños. No tiene gracia.

Está algo aterrado, no sabe qué harán con él. Incluso en su estado es posible intuir qué sucede con los inútiles, no ha podido usar el camino de las ratas. En la oscuridad todos los gatos son grises.

Y sin embargo. Si no hay nada que mostrar, si no hay nada que sirva, quizás eso también es una salida. No lo dice. Pero lo piensa mientras mira el techo, y por un momento, solo un momento, el alivio de la perspectiva de abandonar la piel.

Seis: Del otro lado de la pantalla han dejado de observar, hace buen rato que ya solo hay silencio recorriendo estos pasillos. Los has visto a ellos, sabes a qué se refieren cuando desaparecen, temes que puedan regresar, estás huyendo, no vaya a ser que te vean a ti primero que tú a ellos. Te pegas a la pared, cuentas respiraciones, esperas. La sensación de frío es demasiado intensa, el mismo frío que observaste en ellos aquella vez que los viste, ese frío que se contagia de cuarto en cuarto como un virus. No quieres ser el siguiente hoyo por el que entre todo este silencio.

Siete: Alguien cierra la ventana, es hora de la pastilla, joven...

Sobre el autor

Luis escribe historias breves, ideas torcidas y pensamientos que probablemente deberían haberse quedado en su cabeza.

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