2026FICCIÓN

11月

Escrito por Luis

ねぇだから今日は そういつもより
長い電話をしよう
なんとなく君に 後ろめたいから
やさしくふるまっておこう…

— Si tú desaparecieras de mi vida, si desaparecieras —le dijiste, con cara de preocupación, pero sin mirarle a los ojos — si te convirtieras en las chalinas que me tejes, en los desayunos que compartimos en la cama — continuaste, mirando los vidrios de enfrente a través de la ventana — viviría desconsolado — por un tiempo prudente — y no volvería a desayunar — al menos en la cama.

— Es por eso que vine corriendo apenas me llamaron — y por curiosidad.

Una enfermera te pidió que le dieras espacio, intentaste recoger tu mano atrapada en la suya, la sentiste apretar más y te sentiste incómodo, y a la vez furioso de tu debilidad.

— Cariño, debo irme, tengo que enviar unos documentos a los argentinos — te excusaste, la sentiste soltar un poco y aprovechaste la oportunidad, recuperaste tu cuerpo, la viste abrir la boca y la detuviste con su pregunta — ¿Si te convirtieras en un gato naranjoso? Si, te seguiría queriendo — la miraste a la cara, en sus ojos viste la felicidad.

Sentiste que algo se te apagaba dentro y saliste de la habitación sin decirle que no regresarías en 4 días.

Al salir de la habitación te encontraste con el doctor, te miró sonriendo.

— Tú debes ser el novio — te dijo mirándote directo a los ojos — han tenido mucha suerte.

— ¿Entonces, ella se va a recuperar completamente? — el doctor asintió con la cabeza.

— Si hubiera estado un poco más a la derecha quizá no hubieras venido a un hospital muchacho, pero así como están las cosas, en un tiempo no tendrá ni cicatrices.

— Gracias, doctor — le contestaste, pero ya estabas ausente, en un tiempo te dijo, pero no cuánto, quizá esto tomaría demasiado ¿Sería capaz de irme?

No por un tiempo, un tiempo prudente.

— Si hubiera estado un poco más a la derecha… — repites apagado — ya no tendría novia — se te escapa.

— Si, pero eso no pasó muchacho, respira tranquilo — te repitió esperanzador.

El doctor no te entendió.


助言してくれたなら
ぼくは涼しい顔で
利用するだけして ゴミ箱に
捨ててしまう

Viniste caminando del taller con tu ventilador, lo pusiste en la cómoda, supuestamente ya debería ser invierno, pero el sol se negaba a ponerse.

— ¡Hey! ¡No pienses que es tan sencillo pedir perdón! — le dijiste mientras te sermoneaba sobre tus decisiones.

Hiciste algunos malabares para mantener el celular en el oído mientras tanteabas el enchufe, escuchaste la mitad de lo que te decía, ya sabías lo que estaba diciendo.

— Sí, sí, sé que siempre hago la misma huevada — su insistencia con el tema te sacaba de tus casillas.

— Sé que tú has ido, lo pensaré… — conectaste el celular al cargador.

— Mira, quería pedirte un favor — metiste las manos al morral para buscar a Ollama — he subido algo nuevo, quería que lo leas.

Su voz más fría por un momento — No me gusta leer demasiado tu blog, cuando hablas, me sirves un helado, cuando escribes, me vendes un reloj — tendré que buscar otra periodista, pensaste.

— ¿Cómo está Bogotá? — le preguntaste — seguro te estás divirtiendo.

No estaba en el morral, te paraste a buscarlo en tus cajones, no estaba tampoco, tampoco en el abrigo que usaste la noche anterior.

Escuchaste algo sobre museos, sobre fotos, playas. Te ofreció alguna, como si no hubieran miles en internet. Es como grabar un concierto.

— Solo si es tuya en ropa interior — le dijiste mientras ibas a la sala a buscarlo, lo encuentras en el librero de la puerta.

Te repitió que ya no podían hacer eso, pero su voz sonaba complacida, la imaginaste sonrojándose, pero nada.

— ¿Cuál era ese restaurante que te gustaba? — le preguntaste — ese por San Isidro del que me hablaste.

Sonreíste al escuchar el pitido de un mensaje.

— Claro, Brass ¡Ese mismo! — te recuerda que le gusta el Pesto Italiano, que regresa en una semana.

— Bueno, tengo reunión con los Chilenos, debo colgar ¿Hablamos en otra ocasión? — repitió que regresaba en una semana, te preguntó si quieres hacer algo y se despidió — Chau chau — colgaste sin responder.

Te sentaste y prendiste la TV, pusiste The Office de fondo. Agarraste el celular y respondiste el mensaje.

¿Te parece el viernes en Brass? Luego a un AirBnB.


ねぇだから今日は 散歩に行こう
誰もいない夜の街
月の光で たいていのことは
美しくみえるから...

Te empujó fuera del hotel mientras te decía que ella siempre salía primero, que era tu turno.

Estaba garuando, pero ya no hacía suficiente frío, igual llevabas un abrigo enorme. En el paradero del tren había una fila enorme, algunos sapos mirando. No parecía que le importara, se prendió de tu brazo como un pin.

— ¡Hey! Nos están mirando — le dijiste, mirando al frente, que les importa.

— Bueno, eres mi novio, es un hotel — apretó tu brazo más fuerte.

Nunca puedes soltarte, siempre es lo mismo.

— ¡Oye! Estamos volviendo a vernos recién.

— Siempre dices la misma huevada, y aquí estamos — te empujó como jugando, pero te hizo tambalear algo más que el cuerpo.

El taxi que habías pedido ya estaba ahí, subiste y el taxista te preguntó — al chifa unión ¿No? — moviste la cabeza para asentir y salieron.

— Está más libre hoy — le dijiste al taxista.

— Es por el feriado, joven — te contestó mientras escuchaba salsa en su radio. Ella seguía prendida de tu brazo, se estaba adormeciendo, en la radio sonaba “Me han contado... que te ha ido mal” recordabas esa letra, pero no el título.

Moviste el brazo y se aferró más fuerte, estaba dormida, hubiera sido mejor quedarse a dormir, pero eso implicaba quedarse.

— Ya estamos llegando — le dijiste al oído.

Se despertó mientras abrías la puerta para salir, afuera aún garuaba despacio, pero a través de las nubes se veía la luna llena. Bajo ese reflector, todas las cosas se veían más antiguas, mejores.

— ¡Flor dormida! — recordaste en voz alta el título de la canción.

— Si, soy una flor, pero ya desperté — te dijo ella, sobándose los ojos, sin soltarte.

— Cual flor, ni qué niño muerto, ¡Sigue durmiendo oe!

— ¡Jum! Me dijiste que me ibas a comprar todo lo que yo quiera — te contestó, exhalaste, es más fácil que conversar.

— Pues, ni modo — respondiste mirando a otro lado.

Entraron a la “Feria de los muertos” buscando wawas.

Te ardieron los ojos por un momento, demasiadas luces, con la luna debería ser suficiente. Un ruido que no se percibía del todo desde fuera, gente divirtiéndose.

No estaba tan mal.

— ¡Hey, mira! — tu mirada se dirigió al letrero del café con licor, ya había escogido.

— Dale uno, por favor — le dijiste al que atendía, soltó uno de sus brazos para recibir el vaso.

— Pago con tarjeta amigo — sacaste tu celular para pagar, un mensaje.

Lo eliminaste de la pantalla de bloqueo y pagaste.

— ¿Quieres un poco? — te preguntó, estiraste la mano y tocaste la suya al recibir el vaso, se sentía más suave que hace unas horas.

— Gracias — estaba rico.

Te jaló a otro puesto, viste que habían cientos de pines, todos artesanales, pero había algo bello en ellos. Ella ya tenía 4 en la mano. Pagaste en silencio, mirando los pines con atención.

— Tengo algo para ti — te dijo, y lo que viste te hizo saltar un latido — Se que querías ir, pero no pudiste — eran dos pines del “Pokémon Go Fest 2026”, por un instante, en tu pecho, un mareo.

— Me fallan las palabras ahora mismo, es demasiado — le dijiste — y solo a ti te lo puedo permitir — no pudiste mirarle a los ojos — muchas gracias — terminaste.

Te dejaste jalar a comprar algunas cosas más antes de salir, un pan de wawa, una calavera pintada, su mano seguía siendo más suave que en el hotel.

Su taxi estaba llegando, le pusiste la mano en la cabeza, le hiciste piojito por un momento — quiero ser dulce contigo ¿Sabes? — te estrujó la mano.

Llegó su taxi, te soltó definitivamente por hoy, le diste un beso en la frente.

Se fue.

Miraste el chifa Unión, pero no sentiste que tuvieras hambre, tenías sed.

Bajaste por Domeyer, hay bares más adelante, estaba corriendo viento, la garúa se detuvo, pero no en todas partes.

Te sostuviste en un poste, dos gotas rodaron por tus mejillas, incluso si te resististe, tu boca se desdibujó, el mismo mareo de hace un momento.

Te secaste los ojos y entraste a “La Tostadora”, te sentaste en una mesa al fondo. Sacaste de tu morral a Ollama y comenzaste a acariciarlo compulsivamente mientras leías el mensaje guardado.

Te trajeron la carta, ya sabías que ibas a pedir — tráeme un Negroni por favor — te dirigiste a Ollama — amigo, sé que has visto cosas que no deberías, pero vamos a guardar el secreto ¿Ok?.

Probaste el Negroni — solo está amargo — le escribiste a alguien — hola, sí, sí quiero — sorbiste otro poco mientras esperabas.

Ha pasado mucho tiempo, ¿Seguro quieres verme? — sonreíste y tu pulso se aceleró.

Te pusiste con delicadeza los pines del Pokémon Go Fest en el pecho del abrigo.

Te he estado esperando, no tengo nada que hacer.

Estoy en Miraflores ¿Vienes?

Pediste la cuenta, dejaste una propina excesiva.

Saliste, besaste el celular, lo guardaste en el pecho de tu abrigo, empezó a llover.

— ¡Carajo! — levantaste un brazo para poder mirar.

Cruzaste la pista corriendo, casi sin mirar, esquivaste por poco un auto, estiraste la mano — ¡TAXI! — gritaste.

Las luces de los faroles de barranco hacían brillar tus pines nuevos.

Comentarios

Sobre el autor

Luis escribe historias breves, ideas torcidas y pensamientos que probablemente deberían haberse quedado en su cabeza.

Compartir